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Desigualdad y envejecimiento

El 1 de octubre se conmemora el  Día Internacional de las Personas de Edad,  las Naciones Unidas en su página web nos habla de las aportaciones de los mayores en la sociedad. La temática elegida para este año 2019, es la de “Viaje hacia la igualdad de edad”, tomando como referencia la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) donde reconoce que el desarrollo solo se puede lograr si incluye a todas las edades.

[Artículo publicado en el BDS (INESE) el 1 de octubre de 2019.]

El 1 de octubre se conmemora el  Día Internacional de las Personas de Edad,  las Naciones Unidas en su página web nos habla de las aportaciones de los mayores en la sociedad (https://www.un.org/es/events/olderpersonsday/).

La temática elegida para este año 2019, es la de “Viaje hacia la igualdad de edad”, tomando como referencia la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) donde reconoce que el desarrollo solo se puede lograr si incluye a todas las edades. Empoderar a las personas mayores en todos los ámbitos del desarrollo, incluida su participación en la vida social, económica y política, ayuda tanto a garantizar su inclusión como a reducir las numerosas desigualdades a las que se enfrentan estas personas.

El Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 10, nos dice en la página referida, busca hacer frente tanto a las desigualdades que afrontan actualmente las personas mayores, como prevenir las formas de exclusión que surgirán en el futuro y así fija  como objetivo “garantizar la igualdad de oportunidades y reducir las desigualdades.” Algo que se puede conseguir a través de medidas para la eliminación de la discriminación y la potenciación e inclusión “social, económica y política de todos, independientemente de la edad, sexo, discapacidad, raza, etnia, origen, religión o estado económico o cualquier otra condición.”

El estudio de la desigualdad en el proceso de envejecimiento está tomando relevancia en el análisis de la longevidad humana, así la Asociación Actuarial Internacional en Mortality Working Group Meetings Thursday and Friday, 16 and 17 May 2019 Washington DC, USA aconsejó que tenemos que avanzar en la modelización actuarial en el sentido de identificar y comprender las desigualdades socioeconómicas en el aseguramiento de la longevidad.

El congreso recomienda identificar variables potenciales de ser incluidas en el precio del seguro, tales como el género, el estado de salud en la fecha de retiro, código postal, ocupación, cuantía de la renta anual, último salario, industria….

Estas investigaciones arrojan diferencias de esperanza de vida de entre 7 a 9 años para asegurados de los Estados Unidos, Canadá o Gran Bretaña. Esta cifra guarda relación con el criterio tradicional que fija sobre los 12 años la diferencia máxima de esperanza de vida según sean los diferentes estilos de vida individuales.

Desde la ciencia económica se ha abierto un debate interesante que trata de concienciar a la sociedad acerca de la necesidad de no utilizar únicamente el indicador de prosperidad medido a través del crecimiento del producto interior bruto y hacerlo compatible con el índice de desigualdad de la sociedad. En este sentido el nivel de desempleo o el nivel de educación se configuran como dos de los gradientes que explican la inequidad social, y que se arrastran hasta la edad de jubilación determinado una esperanza de vida diferencial. De hecho, se calcula de dos tercios de la desigualdad observada a lo largo de la vida activa se traslada en el periodo de envejecimiento y en el caso de las mujeres el porcentaje es mayor.

Si queremos entender el proceso de envejecimiento y hacerlo maleable debemos comprender las causas que lo determinan. Solo de este modo podemos proponer desde las ciencias sociales y biomédicas estrategias preventivas del envejecimiento, retrasarlo, hacerlo saludable, sabiendo que hoy por hoy el fallecimiento humano es inevitable y que la biología humana no está “programada” para periodos de deterioro por fragilidad muy prolongados.

Aceptando el nuevo paradigma propuesto desde la biomedicina que nos dice que el envejecimiento es la causa de las enfermedades, la heterogeneidad en la vejez en la sociedad nos obliga a proteger los colectivos especialmente frágiles y vulnerables.

Esta máxima debe ser considerada como un compromiso ético en la sociedad del siglo XXI que afortunadamente establece bajo los principios de la economía del bien común. Apostar por políticas que se centren en promover la homogeneidad de la esperanza de vida en la vejez en lugar de promover acciones que traten de incrementar los registros poblaciones de vida probable supone un cambio de perspectiva de la que los poderes públicos no han reflexionado lo suficiente. Prueba de ello es la conclusión del estudio recientes publicado en la revista del sector médico “The Lancet”, que nos dice que   España será el país con mayor esperanza de vida del planeta en el año 2040. Este estudio realizado por la Universidad de Washington ha anunciado una expectativa vital de 85,8 años, esto es, un incremento en tres años más de vida respecto al promedio actual. Como vemos el estudio no analiza si esta esperanza de vida es muy homogénea entre los españoles o presentan diferencias significativas.

Estudios académicos recientes revelan que la desigualdad hoy en día es mayor que hace 10 años, tanto en forma intergeneracional (la edad un factor de desigualdad en la sociedad) como intrageneracional ( longevidad diferencial).

De hecho, en el cálculo de la pensión pública en España la única variable biométrica que determina la esperanza de vida es la edad/ generación, obviando el resto de las variables identificadas anteriormente bajo el principio de equidad actuarial por el cual cada persona que accede a la pensión según sus condiciones psico-socio-demográficas presenta su propio valor.

La medida del envejecimiento diferencial capturando la desigualdad constituye la base del nuevo compromiso social que debe compensar las ventajas diferenciales del envejecimiento biológico de los más favorecidos en la sociedad en la etapa vital previa a la jubilación, con el propósito final de lograr que la vejez sea armónica entre los propios ciudadanos que han alcanzado la vejez y que el contrato social intergeneracional no sea vea comprometido, al contrario que resulte reforzado. Afortunadamente desde el ámbito académico ya encontramos estudios que exponen la desigualdad y como puede ser mitigada si se emplean las medidas y políticas apropiadas (Whitehead M, Dahlgren G. 2006), o el estudio que analiza la salud, y observa que esta alcanza niveles inferiores conforme bajamos en la escala económica y social, por tanto la inequidad social en salud afecta al colectivo general (Graham H. 2004).

No dejemos de mencionar que el periodo de la vejez desde el acceso al retiro es tan prolongado, más de 20 años, que necesitamos diseccionar este periodo en lo que los estudios más reciente proponen en tres periodos a modo de convenio social, sabiendo que hoy por hoy no disponemos de una definición de edad de envejecimiento: prevejez (65 a 75 años), vejez ( 76 a 89 años) y supervejez ( más de 90 años). Cada periodo presenta singularidades propias, en salud, felicidad, autoestima, vida activa, creatividad, solidaridad, que conformarían un conjunto de políticas que propicien la mitigación de las inequidades. Ahora bien, estos tres periodos deben a su vez no deben ser causa de tratamiento desigual entre ellos

A modo de conclusión, la economía del envejecimiento en su análisis debe bajo el sustrato ético de la dignidad en la ancianidad considerar las políticas económicas que permitan el desarrollo económico de una sociedad muy longeva y sin reposición generacional y que además este mitigue la desigualdad bien acumulada durante la vida activa y que no derive en inequidad en la fase de vejez cualquiera que sea la etapa en la que discurra el individuo.

Sobre el autor

Dr. Dr. José Miguel Rodríguez-Pardo
Profesor y Coordinador Académico MCAF UC3M