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La COVID aflora otra pandemia: el edadismo

“Necesito trabajar, me gusta trabajar”, responde la protagonista de Nomadland cuando una funcionaria del servicio de empleo le sugiere que considere la jubilación anticipada como solución.

Por Raúl Alonso

Esta película retrata la vida de mayores que arruinados durante la crisis de las hipotecas subprime viven recorriendo Estados Unidos en su furgoneta en busca de trabajo, pero ¿qué contará el cine que hable de los efectos de la actual crisis por COVID? Y en especial, ¿cómo habrá cambiado la vida de  las personas más mayores?, ¿y de las más jóvenes?

Qué es el edadismo

La edad es uno de los factores que primero observamos en las personas, condicionando en muchos aspectos cómo vamos a relacionarnos con ellas. Así, un demandante de empleo puede no ser considerado por demasiado joven o demasiado viejo sin tan siquiera conocer sus capacidades.

En palabras de la Organización Mundial de la Salud (OMS): “El edadismo surge cuando la edad se utiliza para categorizar y dividir a las personas por atributos que ocasionan daño, desventaja o injusticias, y menoscaban la solidaridad intergeneracional”. Definición que se puede leer en el Global report on Egeism, informe presentado el pasado mes de marzo y que pretende animar una conversación global bajo la etiqueta #AWorld4AllAges sobre un tema hasta ahora poco visibilizado.

 

En Europa, la única región del mundo que dispone de datos, dos de cada tres personas han sufrido algún tipo de discriminación por edad, “y los jóvenes afirman haberla percibido más que otros grupos de edad”, se explica en el informe. La estimación que se hace sobre la situación en todo el mundo es aún más preocupante: una de cada dos personas.

Por qué la COVID agrava el edadismo

«Mientras los países buscan recuperarse y reconstruirse de la pandemia, no podemos permitir que los estereotipos basados en la edad, los prejuicios y la discriminación limiten las oportunidades de garantizar la salud, el bienestar y la dignidad de las personas en todas partes”, ha defendido Tedros Adhanom, director general de la OMS, durante la presentación del citado informe.

El hecho es que, desde marzo de 2020, la pandemia ha enfrentado al problema con inusual clarividencia a la sociedad. La situación vivida en las residencias de ancianos o las sospechas sobre el modelo de triaje de los servicios de urgencia, son dos debates que han aflorado este problema, pero no los únicos.

Las medidas de confinamiento para reducir al mínimo imprescindible el contacto social, tampoco destacaron por analizar la situación especial de los casi 5 millones de personas que, por ejemplo, viven solas en España según la Encuesta Continua de Hogares del INE, muchas de ellas mayores.

También se señala que de los 149 estudios sobre tratamientos frente a la COVID analizados, el 85% contaba con una infrarrepresentación de estos grupos de edad o, incluso, eran directamente ignorados.

Michele Bachelet, alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, ha puesto el dedo en la llaga al afirmar que, “a menudo, está tan extendido y aceptado en nuestras actitudes y nuestras políticas, leyes e instituciones, que ni siquiera reconocemos su efecto perjudicial sobre nuestra dignidad y derechos”.

Qué consecuencias tiene el edadismo

Proveedores sanitarios, mercado de trabajo, medios de comunicación y ordenamiento jurídico son algunos de los sectores y e instituciones que la OMS señala al denunciar el edadismo. Un sistema que “tiene consecuencias graves y de gran alcance para la salud, el bienestar y los derechos humanos de las personas”, afirma.

Entre las personas mayores se asocia a una menor esperanza de vida, salud física y mental deficiente, aislamiento social y soledad, restricción de la sexualidad propia y aumento del abuso o violencia contra el colectivo. Solo en términos de depresión, la OMS calcula que en el mundo hay 6,3 millones de casos relacionados con edadismo.

Y asociado tanto a mayores como a jóvenes, es un factor generador de pobreza, limita el acceso a la vivienda, discrimina laboralmente y genera infratrabajo.

Tres recomendaciones para combatir el edadismo

En este escenario, la OMS considera prioritario avanzar hacia un nuevo contexto que permita a las personas prosperar en cualquier momento de su vida, con independencia de su edad.

El documento cita a gobiernos, organismos de las Naciones Unidas, organizaciones de desarrollo, organizaciones sociales e instituciones académicas y de investigación como actores principales en el combate contra el edadismo y su alto coste económico. Todos ellos deben actuar en base a tres áreas de acción –la política y la legislación, la educación, y las acciones de contacto intergeneracional que reduzcan los prejuicios– teniendo en cuenta las siguientes recomendaciones:

1.- Invertir en estrategias basadas en pruebas científicas

Se trata de avanzar apoyándose en la evidencia científica. Y cuando se confirme que la estrategia es eficaz, debe adaptarse, probarse y posteriormente ampliarse.

2.- Mejorar los datos y las investigaciones

La propuesta es recabar datos en todos los países, especialmente en los de ingresos bajos y medianos, para comprender mejor el edadismo, su escala, efectos y determinantes.

3.- Generar un movimiento para cambiar el discurso sobre edad y el envejecimiento

La OMS hace un llamamiento a la colaboración para que todas las organizaciones anteriormente citadas y la sociedad, se incorporen a un movimiento global que cambie la situación.