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La pobreza puede acortar la esperanza de vida

Un estudio demuestra la relación entre la esperanza de vida y el estatus socioeconómico en seis grandes ciudades latinoamericanas. Las diferencias detectadas ponen de manifiesto la importancia de abordar las desigualdades sociales.

The Lancet, la prestigiosa revista médica británica, ha publicado un estudio que muestra una estrecha relación entre la esperanza de vida al nacer y el estatus socioeconómico en seis grandes ciudades latinoamericanas Buenos Aires (Argentina), Belo Horizonte (Brasil), Santiago (Chile), San José (Costa Rica), Ciudad de México y Ciudad de Panamá.

El análisis llamado “Desigualdades en la esperanza de vida en seis grandes ciudades latinoamericanas del estudio SALURBAL: un análisis ecológico” utiliza datos del estudio de Salud Urbana en América Latina (SALURBAL) de las seis ciudades latinoamericanas que engloban 266 unidades suburbanas para el periodo 2011-15 (2012-2016 para Panamá).

Es la primera vez que se compara la esperanza de vida al nacer en las ciudades latinoamericanas, demostrándose la existencia de una asociación entre la esperanza de vida y el estatus socioeconómico. Además, proporciona algunas de las primeras estimaciones de la magnitud de las desigualdades en estas seis ciudades, habitadas por más de 50 millones de personas en total.

 

Desigualdades en la esperanza de vida

Existen grandes diferencias en la esperanza de vida según la zona geográfica de cada país, con mayores brechas en la Ciudad de Panamá (15 años para los hombres y 14,7 años para las mujeres), Santiago de Chile (8,9 años para los hombres y 17,7 años para las mujeres) y Ciudad de México (10,9 años para los hombres y 9,4 años para las mujeres).

Sin embargo, la diferencia de la esperanza de vida entre diferentes zonas es menor en Buenos Aires (4,4 años para los hombres y 5,8 para las mujeres), en Belo Horizonte (4 años para los hombres y 6,5 para las mujeres) y en San José (3,9 años para los hombres y 3 años para las mujeres).

El nivel socioeconómico más alto de cada área -representado por el logro educativo- se asocia con una mayor esperanza de vida, especialmente en Santiago de Chile y en la Ciudad de Panamá. En estos países, un cambio en el nivel educativo está relacionado con un aumento de la esperanza de vida al nacer de 7 a 12 años para hombres y mujeres. Esta asociación es menor en Belo Horizonte, Buenos Aires, Ciudad de México y San José.

La variabilidad en la esperanza de vida al nacer no es aleatoria y se observaron patrones geográficos importantes entre unidades suburbanas de las ciudades. En la Ciudad de Panamá, existe una mayor esperanza de vida al nacer en la parte occidental de la ciudad que en las otras áreas.

Un patrón similar aparece en la Ciudad de México, donde la parte norte de la ciudad central y las áreas adyacentes en el área metropolitana tienen una menor esperanza de vida al nacer que otras áreas. Santiago de Chile y Buenos Aires tienen un patrón mixto, con una división de núcleo-periferia (mayor esperanza de vida en la parte central de ambas ciudades que en otras partes).

La zona central de Santiago de Chile tiene la mayor esperanza de vida, seguida por la zona este. En Buenos Aires el área norte tiene una mayor esperanza de vida al nacer en comparación con la zona centro-sur y las zonas periféricas del sur.

En San José, la parte central de la ciudad tiene una baja esperanza de vida, y la periferia está dividida en áreas de alta y baja esperanza de vida sin un patrón claro. Belo Horizonte tiene un patrón mixto, con la unidad suburbana central (el municipio de Belo Horizonte) que tiene la mayor esperanza de vida al nacer.

 

Implantación de políticas para reducir desigualdades

Estudios realizados en EE.UU. y en Europa han demostrado que las desigualdades en la esperanza de vida por zonas en las ciudades y que la carencia de datos sobre las desigualdades en salud, y la consiguiente falta de conciencia de su existencia, es un obstáculo para el diseño y la aplicación de políticas de reducción de las mismas.

La existencia de grandes desigualdades en salud en las grandes ciudades de América Latina pone de relieve la necesidad de políticas que permitan reducir tanto las desigualdades sociales como la segregación residencial.

En su último plan estratégico, publicado en octubre de 2019, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) afirmó que el progreso hacia la equidad en salud se ve obstaculizado por una «falta de datos desagregados consistentes para rastrear y revelar las disparidades».

Los autores del estudio —Usama Bilal, Marcio Alazraqui, Waleska T Caiaffa, Nancy López-Olmedo, Kevin Martínez-Folgar, J Jaime Miranda, Daniel A Rodríguez, Alejandra Vives y Ana V Díez-Roux— consideran que se deberían llevar a cabo nuevas investigaciones en más ciudades con un gran número de unidades suburbanas o recopilar y analizar datos en zonas más pequeñas cuando estén disponibles.

Esto permitiría una mejor detección de los patrones de segregación en la esperanza de vida al nacer en las ciudades latinoamericanas.