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Las políticas de envejecimiento favorecen al hombre al ignorar aspectos como la longevidad de la mujer

¿La mayor esperanza de vida de la mujer debe ser considerada en las políticas de asistencia a mayores? Visto desde otro prisma: ¿una mayor longevidad femenina precisa de atenciones diferenciadas en la vejez?

Cuando el primer llanto arranca en el paritorio, le aguarda entre cuatro y cinco años más de vida si es de una bebe mujer que varón. Parece evidente que fruto de esta diferencia, la mujer tendrá mayor posibilidad de vivir sin cónyuge, pero además su biología es más proclive a sufrir mayor número de enfermedades crónicas y su entorno social le empuja a asumir el cuidado de enfermos.

Sin embargo, estas ‘peculiaridades’ apenas son consideradas por los modelos que en  la actualidad tratan de cuantificar la capacidad y calidad de las políticas de apoyo de los mayores. Este es el punto de partida de un novedoso estudio liderado por la doctora Cynthia Chen de la Universidad Nacional de Singapur, publicado en la revista The Lancet el pasado mes de agosto de 2021. Y los resultados de analizar con perspectiva de género la experiencia de envejecimiento en los países de la OCDE resulta, cuanto menos, llamativa.

España entre los más igualitarios

El hombre es favorecido en todos los países. Esta es la principal conclusión tras analizar cinco claves de envejecimiento social: bienestar, productividad, igualdad, cohesión y seguridad. Así ocurre tanto en el grupo de países que obtuvo una mayor puntuación (los cuatros escandinavos, Países Bajos y Japón) como en los de menor puntuación (Hungría, Polonia y Eslovenia).

Especialmente interesante resulta la parte del estudio que trata de medir el grado de diferencia entre hombres y mujeres de un mismo estado. Entre los que cuentan con sistemas que favorecen más la desigualdad en favor del varón están Países Bajos, Austria, Italia o Dinamarca. Por el contrario, los más igualitarios son Polonia, España e Irlanda. En concreto, España aparece en el puesto decimosegundo con 55,47 puntos para los hombres en un ranking que encabeza Dinamarca con 70,17 puntos. En el caso de la valoración del envejecimiento social de la mujer, España se ubica en la octava posición con 51,03 puntos, de un cómputo que lidera Finlandia con 61,77.

Fuente: Gender differences in countries’ adaptation to societal ageing: an international cross-sectional comparison, de Cynthia Chen y otros, The Lancet, agosto 2021.

 

Envejecimiento social igualitario

En 2019, la población mundial de 65 o más años era de unos 703 millones de habitantes, cifra que en 2050 superará los 1.500 millones. Detrás de esta mayor longevidad está el reto de lograr sistemas que soporten el incremento en los costes de atención social, médica y salud mental. Pero el estudio de la Universidad Nacional de Singapur apunta a una problemática que no había sido suficientemente ponderada: que los avances en las políticas de envejecimiento social se sustenten sobre la igualdad de género. En el artículo de The Lancet se señala que más del 10% de las ancianas no puede costear sus gastos de atención médica en varios países de la OCDE, o que este colectivo sufre mayor soledad. De ahí, la importancia de contar con modelos que permitan “evaluar y comparar la situación de hombres y mujeres con respecto al progreso de un país, en su apoyo a una población que envejece”, se señala.

De hecho, se identifica un gran margen de mejora en los sistemas de seguridad, equidad y productividad. Por ejemplo, a través de políticas que incentiven el trabajo remunerado femenino, el fomento de oportunidades laborales para la mujer o unas prestaciones por jubilación con criterios más sociales.

Pero además se debe valorar la especificidad de género en aspectos biológicamente constatados. El ejemplo más gráfico es el ya señalado de su mayor longevidad, rasgo compartido con la mayoría de hembras mamíferas, pero como consecuencia de vivir más, también se requiere de un mayor número de años de cuidados sanitarios.

Avanzar es una decisión política

“Dadas las distintas necesidades de hombres y mujeres, adaptar las políticas a diferentes experiencias de género, podría ayudar a mejorar el bienestar social y reducir las ineficiencias del mercado laboral”, apuntan los autores del estudio.

Se trata de que los países de la OCDE avancen en la consolidación de sistemas de pensiones mínimas cuya cuantía garantice una vida saludable. Al mismo tiempo, hay que tumbar las barreras para acceder a los servicios de salud y servicios sociales (por ejemplo, acortando los plazos de admisión a residencias de mayores), sin olvidar cubrir las necesidades emocionales del colectivo.

Otras de las medidas citadas apuntan a la consideración de una mayor vulnerabilidad económica de la mujer mayor frente a la del varón, la necesidad de que el mercado laboral se adapte a la evolución demográfica, o la aprobación de ventajas fiscales para los mayores que contratan a personas para sus cuidados y para los propios trabajadores.