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Los retos en la economía del envejecimiento

Por Teresa Morales

El fenómeno del envejecimiento en nuestro país es un debate que invita a la reflexión y a la acción inmediata debido, fundamentalmente, al ritmo con el que la población envejece sin una regeneración en paralelo. Las cifras hablan por sí solas:

El número de personas mayores de 65 años se ha duplicado en menos de tres décadas. En 2017, los españoles mayores de 65 años representaban el 18,8% del total de la población. Y, según las estimaciones del INE, en 2050, las personas mayores de 65 años estarán por encima del 30% de la población (casi trece millones) y, ¡ojo!, los octogenarios llegarán a ser más de cuatro millones, lo que supondría más del 30% del total de la población mayor.

Mientras tanto, en 1975, el número promedio de hijos era de casi 3 por mujer en edad fértil, y actualmente apenas es de 1,31. Estamos ante una población que envejece a ritmos trepidantes.

“El reto del envejecimiento poblacional es, sin duda, uno de los grandes desafíos del siglo XXI. Saber que cada vez vivimos más es una buena noticia en el sentido de que es lo que la humanidad ha estado buscando siempre, pero esto puede convertirse en un problema si no lo abordamos correctamente”, comenta Fernando Ariza, director de la Escuela de Pensamiento de la Fundación Mutualidad Abogacía y director general adjunto de Mutualidad de la Abogacía. Para afrontar el problema correctamente se necesita, según Ariza, salir del esquema simplista en el que muchas veces gira la sociedad y no reducir el debate únicamente al tema de las pensiones, de si son suficientes o de si el sistema es o no sostenible.

“Las pensiones es un tema importante y trascendental, es lo que garantiza la calidad y la dignidad de vida en la vejez; pero el envejecimiento es mucho más. También es salud, bienestar, consumo, ahorro, riesgo de exclusión, riesgo de soledad, riesgo de pobreza energética, derecho, dignidad, ética, movilidad, arquitectura, etc…  Es un reto global que debemos manejar transversal y multidisciplinarmente y, por supuesto, de forma intergeneracional. Un reto que, sin duda, nos ayudará a replantearnos el estado de bienestar o al menos, tal y como hasta ahora lo hemos concebido”, afirma el propio Ariza en la presentación de la mesa redonda Retos y oportunidades de la cultura, el talento y la economía del envejecimiento, dentro del I Congreso online organizado por la plataforma 60ymucho+.

Para conocer en profundidad algunos de los objetivos que tenemos por delante nos adentramos en los contenidos de ese debate, señalando algunas de las intervenciones más destacadas de los ponentes durante este evento.

El COVID como oportunidad de cambio

“El Covid nos ha puesto delante de un espejo que está proyectando una imagen insoportable de lo que la sociedad está haciendo con los mayores que son, precisamente, las personas más vulnerables”, sentencia Amelia Valcárcel, catedrática de Filosofía Moral y Política en la UNED y miembro del Consejo Científico de la Escuela de Pensamiento de Fundación Mutualidad Abogacía.

Efectivamente, el panorama desde los inicios de la pandemia habla de prácticas discriminatorias hacia los mayores solo por la edad, no solo en España, también en otros países de Europa y América. “Durante los primeros meses de la pandemia, entre marzo y mayo, se tomaron decisiones muy cuestionables desde el punto de vista ético. Porque se utilizó una ética más utilitarista, propia de medicina de guerra o de situaciones de catástrofe, abandonando lo que es la medicina de la beneficencia, con la que se destinan los recursos a quien más lo necesita buscando siempre el máximo beneficio del paciente y la mayor justicia redistributiva”, afirma José Miguel Rodríguez-Pardo, presidente de la Escuela de Pensamiento de Fundación Mutualidad Abogacía.

En determinados centros hospitalarios, como recuerda Rodríguez-Pardo, el paciente no accedía a la UCI si era mayor de 75 años, y la edad pasó a ser, entonces, la variable para determinar si una persona tenía o no prioridad para recibir cuidados paliativos. Al menos en los primeros meses de la pandemia, las situaciones de edadismo, o discriminación por la edad, fueron más que evidentes.

Sin quererlo, el Covid se ha convertido en el escenario y oportunidad para replantearnos, como sociedad, qué estamos haciendo mal y, sobre todo, cuáles son los retos que debemos afrontar si queremos construir una sociedad basada en la ética, la dignidad y la protección de los derechos de todos, también de los ancianos centenarios. Y es que, en la economía mundial actual, en la que también están implicadas las políticas sociales, no cabe otra alternativa que apostar, sí o sí, por la economía de la inclusión por la que, como apunta Rodríguez-Pardo, el bienestar mundial será mucho mayor. “Sin duda lo será si la nueva economía opta por la colaboración, la ayuda y la solidaridad”. Un reto inmediato que no debe demorarse ya que, como recuerda el propio Rodríguez-Pardo, “algunos expertos ya están hablando de que, en el año 2024, cuando la pandemia se espera que esté controlada, volveremos a vivir los felices años 20 del siglo pasado, con lo cual, puede volver otra vez un desenfreno en los gastos y en el abandono de toda la situación de los ancianos”.

Los retos del envejecimiento

En su incansable labor a favor de la voz y los derechos de los mayores, la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA) redactó un decálogo con el que entender los cometidos que están pendientes en las políticas sociosanitarias y económicas ante el envejecimiento:

1. Respeto y dignidad a las personas mayores.

2. Luchar contra la soledad no deseada.

3. Mantener el poder adquisitivo de las pensiones.

4. Fomentar la participación de los mayores.

5. Reordenación y reorganización de los sistemas de salud y los servicios sociales.

6. Desarrollo de la coordinación socio sanitaria.

7. Actuar sobre el cambio de modelo de residencias así como de los servicios centrados en las personas.

8. Formación y respeto en los medios de comunicación a las personas mayores.

9. Romper con la brecha digital en el medio rural.

10. Evitar la discriminación de las personas mayores.

 “Los mayores somos una importante parte de la sociedad y por eso debe garantizarse este principio constitucional de no discriminación por la edad que hoy se infringe con demasiada frecuencia”, explica Juan Manuel Martínez, presidente de CEOMA y miembro del Consejo Científico de la Escuela de Pensamiento de Fundación Mutualidad Abogacía. Como indica el experto, las instituciones y organizaciones deben abordar nuevos programas conscientes de que la persona mayor debe ser libre para tomar sus propias decisiones. “Debe ser escuchada y no oída”, añade. Una exigencia que ya no es solo una cuestión moral, sino legal porque como aclara el catedrático de Derecho Penal de la Universidad del País Vasco y miembro del Consejo Científico de la Escuela de Pensamiento de Fundación Mutualidad Abogacía, Carlos Romeo, “las personas mayores son ciudadanos y por ello gozan plenamente de todos sus derechos y libertades públicas. Los ciudadanos deben respetarlos, y los poderes públicos, protegerlos”.

¿Y qué pinta la tecnología en todo esto?

Para Isabel Fernández, rectora de la Universidad Alfonso X el Sabio y miembro también del Consejo Científico de la Escuela de Pensamiento de Fundación Mutualidad Abogacía, la respuesta es sencilla: “La tecnología es una parte importante en la solución de la problemática de los mayores. Es un facilitador de, por ejemplo, la conectividad entre personas, mitigando así los efectos de la soledad. Pero también permite recuperar parte de nuestro deterioro cognitivo. Incluso se está viendo cómo pequeños asistentes virtuales como Alexa, Siri, o Google Home promueven el acompañamiento y ayudan a los mayores a interactuar y a realizar algunas acciones con las que de alguna forma se fomenta un envejecimiento cognitivamente activo”.

El jurista Antonio Garrigues, presidente de la Fundación Garrigues y miembro también del Consejo Científico de la Escuela de Pensamiento de Fundación Mutualidad Abogacía, va un paso más allá y convierte la inteligencia artificial en el gran aliado para una de las fantasías del ser humano: el transhumanismo. “La singularidad o la idea de que la inteligencia artificial (IA) sea superior a la humana nos debería hacer pensar que, de ser así, esa IA será la que nos conduzca a tratar estos problemas del envejecimiento. Hay que aceptar el hecho de que el ser humano va a mejorar a través de la tecnología. Un ser humano que, por otra parte, no olvidemos, quiere vivir lo máximo posible y en las condiciones más positivas”.

Asumir un mayor protagonismo como colectivo, participar, asociarse y protestar conjuntamente son también otros de los ingredientes que aporta el catedrático emérito de Geriatría de la UCM, ex-presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología y Académico de número de la Real Academia de Medicina, José Manuel Ribera. Un espíritu combativo y sobre todo activo del propio círculo de mayores para dejar constancia de que ahora, más que nunca, la no discriminación a los mayores debe ser el eje principal de las futuras políticas a través de una nueva economía de la inclusión que propicie un bienestar global. Una economía que, con miras al envejecimiento, se sustente, a su vez, sobre tres principios que Ribera señala como básicos y sagrados: “equidad, autonomía, y beneficencia”.

Puedes visualizar aquí la grabación de la mesa redonda completa