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El secreto de Alfonso Pazos para ser un abogado feliz durante más de 60 años de ejercicio

Alguno de sus clientes de 2022 son nietos de los que tuvo en 1959. El abogado orensano Alfonso Pazos (89 años) reflexiona sobre cómo seguir defendiendo la profesión durante más de 60 años y su derecho a no retirarse.

Enero 2022.

 

Alguno de sus clientes de 2022 son nietos de los que tuvo en 1959. El abogado orensano Alfonso Pazos (89 años) reflexiona sobre cómo seguir defendiendo la profesión durante más de 60 años y su derecho a no retirarse. 

“Ejercer la profesión de abogado es una feliz idea”. En lógica con su afirmación, Alfonso Pazos Bande lleva 63 años de feliz práctica de la abogacía en Ourense, la ciudad donde cumplirá 90 años este 2022, y donde espera seguir sumando experiencia todos los años que la salud le conceda.

Alfonso Pazos es el abogado decano en ejercicio en la provincia gallega, y probablemente uno de los más longevos de toda España: “Estoy muy satisfecho de mi profesión. Cierto es que ha habido también disgustos, porque hay veces que crees estar perdiendo un pleito injustamente, pero me ha dado multitud de satisfacciones y estímulos”.

A unos meses de estrenar su novena década de vida, la única licencia que se ha permitido es madrugar un poco menos, “el año pasado me levantaba todos los días a las 7:30 y ahora lo hago un poco más tarde”.  Puesto en pie, la rutina se impone para poder entrar por la puerta de su despacho pasadas las 10:00 de la mañana.

“Pero esto no es nada meritorio, ¿qué quieren qué haga?”. Lo dice con cierto enojo cuando se insiste sobre el verdadero motor para seguir en activo: “No tengo más formación que la de abogado, y muchos años de trabajo, lo que me da mucho oficio. Vengo al despacho porque tengo asuntos que resolver, trabajo, y el día que no venga es porque estaré al otro lado de la racionalidad o haya muerto. No sé vivir sin trabajar”.

 

Hijo y padre de abogado

“Aprende el oficio con alguien que sea capaz, o casi, de cerrar el grifo del egoísmo. Mi padre, además de inteligente, daba unas respuestas del carallo”. En esta ocasión, Alfonso Pazos sonríe cuando recuerda cómo su padre, abogado y diputado en Cortes en Madrid, le hacía un comentario desde su exilio en México, del que nunca volvió. El comentario lo considera crucial en aquella disyuntiva sobre su futuro una vez acabado el Bachillerato.

Optó por el Derecho, carrera que hizo “por libre, pero me iba a examinar a Santiago”. La distancia no era problema para quien se recuerda como “buen estudiante”, y en 1958, lograba la titulación de la universidad gallega. Ya el 9 de julio de un año después, se colegiaba con el número 31 por Orense, e iniciaba su actividad en el turno de oficio, labor que ha compatibilizado con la de su despacho privado: “Había que proteger y sobre todo defender a las personas que no tenían posibles económicos”.

Su entusiasmo debió de ser contagioso: “Tener hijos que ejerzan la profesión, y que lo hagan con diligencia y dignidad, no me pone contento, me pone feliz”. Se refiere a Alfonso y Ángel, que siguieron sus pasos como abogados en la ciudad gallega. Con el primero comparte despacho donde, entre otros profesionales, también trabaja su sobrina Pilar.

 

 

 

Sumar talento sénior y joven

Pazos considera que, en esencia, la profesión no ha cambiado durante sus años de ejercicio, pero su recomendación es “nunca dormirse en los laureles”. Entre el decálogo que asegura ha inspirado su trayectoria, y que aún hoy entrega a cada nuevo pasante del despacho, destaca el de la formación: “Si no se estudia permanentemente, te conviertes en un ignorante”.

Pero Pazos es también un abogado gremial, que disfruta del trato con el compañero. “Esa colaboración te facilita especializarte, porque no puedes pretender dominar todas las ramas del Derecho cuando cuesta mantener el tipo en las que más manejas”, explica.

Y de trabajar con abogados más jóvenes, solo identifica beneficios. Asegura que en su experiencia no hay discusión por sesgo generacional, menos aún un cuestionamiento justificado en la opinión del mayor: “Todo lo contrario, con la mayoría de la gente que trato son abogados, y a mí me escuchan. Uno de mis mayores orgullos es sentirme querido, y con el paso de los años, ese sentimiento solo ha mejorado”.

 

El derecho al no retiro

Sin embargo, su vivencia personal no le cierra los ojos a otras realidades que cuestionan la validez del profesional sénior: “Si no produces, no vales”.

“Los ‘viejos’, que es como nos llaman, tenemos una riqueza que es haber vivido más cosas. Esas vivencias conforman la sabiduría de cada uno, y es una pena que se pierda esa experiencia por cuestiones exclusivamente económicas”. Además, en su opinión, “los ‘viejos’ pueden seguir produciendo riqueza, aunque hay que ayudarles a que lo hagan. Unos de una forma y otros de otra, hay que ayudar a que el bagaje cultural del mayor sea útil, porque la producción también es conocimiento, y el conocimiento se aprende en muchos casos con los palos que va dando la vida al cabo de los años”.

Y esta es la razón por la que el abogado orensano Alfonso Pazos recupera de su archivo alguna de las fichas manuscritas que desde hace décadas escribe con cada caso. Puede que tantos años después, esa información sea de utilidad cuando los nietos de aquellos clientes vuelven a solicitar los servicios de un abogado de confianza. Y quizás esta es la razón por la que a Alfonso Pazos, un abogado que acude a diario a su despacho de la calle Paseo, le incomoda que la prensa le pregunte por qué sigue trabajando: “¿Qué quiere qué haga?”.