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¿Qué harías si tuvieras la posibilidad de mejorar la calidad de tu vida más allá de los 65 años?

Uno de los grandes éxitos de las políticas sociales, económicas y sanitarias desarrolladas a lo largo del siglo XX ha sido el incremento en la esperanza de vida de la población. España ocupa actualmente la segunda posición de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos en cuanto a esperanza de vida, situándose como promedio en los 83 años, aunque con una diferencia importante entre los hombres (80,9 años) y las mujeres (86,2 años) (OECD, 2020 e INE, 2020).

Por Débora Arévalo de las Heras, responsable del proyecto de Atención a Personas en Proceso de Envejecimiento, Programa de Personas Mayores, con discapacidad y cuidadoras, área de Conocimiento de Inclusión Social de Cruz Roja Española.

Tener una vejez feliz, sana y satisfactoria es el deseo de la mayoría de las personas, pero solemos pensar que no depende de la propia persona, sino de una suerte de aleatoriedad. Y es cierto que, en ocasiones, puede sobrevenir un problema que resultaba impredecible pero no siempre es así, y determinados hábitos y actitudes, así como la falta de información, nos pueden llevar a ser más vulnerables ante problemas como la soledad no deseada, el deterioro cognitivo, la pérdida de autonomía personal o el deterioro físico.

El envejecimiento es un proceso natural que nos acompaña durante todo el ciclo vital y es necesario visualizarlo de esta manera para comprender el impacto que tienen, sobre el afrontamiento de la vejez, cuestiones como la adquisición de hábitos saludables de forma temprana, las habilidades adquiridas para el tejido de redes sociales, el desarrollo de un proyecto personal que abarque todas las etapas vitales, o la visión de los conceptos del envejecimiento y de la vejez elaborados a lo largo de la vida.

Con frecuencia, el paso de la vida laboral a la etapa de jubilación, supone para muchas personas un momento clave porque, socialmente, sigue existiendo esa concepción de que productivo, es únicamente aquello que produce ingresos, y que deja de lado muchas de las contribuciones que las personas realizamos a la sociedad durante la vejez, pero también, porque es un momento, en el que todos los hábitos y actitudes adquiridos a lo largo de la vida afectan directamente sobre las decisiones que se van tomando a partir de entonces e impactarán de forma más importante sobre la calidad de vida que en otras etapas: se produce un incremento del tiempo de ocio pero, si no se ha producido esa incorporación de hábitos saludables a lo largo de la vida, es probable que, a partir de ahora, se desarrolle un estilo de vida aún más sedentario o si la percepción del proceso de envejecimiento ha sido negativa, es probable que exista una tendencia a pensar aquello de “soy demasiado mayor para eso”.

Pero, ¿qué ocurre si al alcanzar los 65 años nos damos cuenta de que nuestros hábitos y actitudes no son los más adecuados para permitirnos afrontar esta etapa? ¿Ya es tarde para buscar alternativas?

No, no lo es. Identificar esos hábitos y actitudes que suponen un riesgo y sustituirlos por otros que permitan afrontar de forma más positiva esta etapa, tiene una gran importancia también en este momento, ya que cualquier cambio hacia estilos de vida más saludables y que promuevan la participación y el aprendizaje a lo largo de la vida, tiene un impacto positivo sobre la calidad de vida de la persona que lo realiza.

A esto nos referimos cuando hablamos de Envejecimiento Activo, y que la Organización Mundial de la Salud define como “proceso de optimización de oportunidades de salud, participación y seguridad con el objetivo de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen” (OMS, 2002), que más tarde se concreta en los siguientes aspectos relevantes que se citan en el Libro Blanco de Envejecimiento Activo (IMSERSO, 2011):

  • La economía. Visualizar a las personas mayores como un input económico y no una fuente de gasto, poniendo en valor la economía relacional que muchas personas mayores desarrollan y promoviendo la solidaridad intergeneracional.
  • La salud. Entendiendo los hábitos saludables como fuente de prevención, y buscando promover la salud y la prevención de la enfermedad y preservar el seguimiento de la pauta terapéutica.
  • La actividad física como fuente de salud, conocimiento, bienestar e igualdad de género.
  • La educación a lo largo de la vida como fuente de conocimiento, ilusión, relación entre iguales y estimulación cognitiva, que supone además una vía necesaria para evitar el aislamiento.
  • El empoderamiento, la diversidad y la participación.
  • La protección. Jurídica y personal, necesaria para poder envejecer con unas mínimas garantías.
  • La vivienda ajustada a las necesidades, que no suponga un riesgo para la autonomía y la salud.

 

Y, es por esto que, desde Cruz Roja trabajamos en el proyecto “Atención a personas en proceso de envejecimiento” desde el que asumimos la promoción del Envejecimiento Activo como vía para la prevención de los problemas comúnmente asociados a la vejez.

El proyecto está dirigido a personas con edades cercanas a los 65 años que presentan algún factor de riesgo que puede conllevar el desarrollo de problemas relacionados con la salud, la soledad no deseada, la falta de participación en los entornos comunitarios y mantenerse al margen de la actualidad, el deterioro cognitivo, la pérdida de autonomía personal o las dificultades para protegerse frente a situaciones de abuso, negligencia o maltrato durante la vejez.

Para ello, se realizan acciones orientadas a preparar a la persona para afrontar el proceso de envejecimiento de una forma activa, participativa y saludable proponiendo dos líneas de actuación fundamentales:

  • Actividades de información y actividades destinadas a la adquisición de conocimientos que son necesarios para poder identificar y afrontar aquellos factores de riesgo que pudieran transformarse en problemas durante la vejez.
  • Actividades dirigidas al empoderamiento y la activación de la persona como motor de su propio cambio, que le permitan poner en marcha un modelo de envejecimiento activo, participativo y saludable, como factor de protección frente a los posibles problemas que puedan surgir durante la vejez.

 

Asimismo, hay que tener en cuenta que las personas no están aisladas, sino que se mueven en entornos laborales, sociales y comunitarios que también tienen su influencia en cómo afrontan este proceso y, por lo tanto, el proyecto también se orienta hacia la sensibilización y al establecimiento de redes de cooperación con las entidades públicas y privadas, así como con las personas que conforman estos entornos con el objetivo de concienciar sobre la discriminación por edad que afecta a las personas que se encuentran cercanas a la jubilación así como las necesidades que pueden surgir en el afrontamiento del proceso de envejecimiento, de manera que puedan suponer una forma de apoyo.

Cruz Roja desarrolla proyectos dirigidos a mejorar la calidad de vida de las personas mayores desde hace más de 25 años y, con ellos, contribuye a crear o a restablecer un estado de bienestar a nivel físico, psíquico y social y, desde el año 2018 lo hace también desde este punto de vista preventivo que permite dar un paso más hacia el empoderamiento de las personas mayores.