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Apuntes sobre la educación financiera de las personas mayores como factor excluyente

Más allá del COVID hay otra pandemia, esta silenciosa, que también deja víctimas y que tiene que ver con la falta de competencias financieras de las personas mayores, colectivo muy alejado de una educación financiera que les vacune de la exclusión social y vulnerabilidad económica.

Por Julio Fernández.

Los conocimientos financieros son fundamentales tanto para la planificación de los gastos diarios como en la gestión de las finanzas personales de un mayor calado como, por ejemplo, un préstamo, un seguro, un producto de ahorro o una inversión. No hablamos de un conocimiento especializado sino de la comprensión de conceptos básicos relacionados con el gasto, ahorro, endeudamiento y planificación. Ese saber puede marcar la diferencia entre una persona que tome las decisiones financieras correctas y otra que se asome al borde de la exclusión social y vulnerabilidad económica. Entre estas últimas destacan las personas mayores que, además, se enfrentan solas a una transformación digital para la que tampoco están preparadas.

¿De qué hablamos cuando hablamos de educación financiera de las personas mayores? Atendiendo a la Encuesta de Competencias Financieras (ECF, 2016), una iniciativa conjunta del Banco de España y la CNMV en el marco del Plan de Educación Financiera, a tener nociones básicas sobre qué es la inflación, el tipo de interés compuesto (aquel que suma al capital inicial los intereses que se generan) y la diversificación del riesgo. Si analizamos los resultados de esta encuesta de referencia, se extraen las siguientes conclusiones a la hora de medir el conocimiento financiero que tiene las personas mayores de 65 años:

– El 42% no conoce el concepto de inflación.
– El 64% desconoce o confunde el concepto de interés compuesto.
– El 57% desconoce de qué trata la diversificación del riesgo.

La Encuesta de Competencias Financieras también desvela la importancia de la educación: a mayor formación, más conocimiento financiero. Otro factor en el que nuestros mayores están en desventaja.

Conclusión: las personas mayores de 65 años suspenden en educación financiera lo que les hace más vulnerables.

Las competencias financieras también son una cuestión de género.

Así lo ha constatado la OCDE a través un estudio de medición coordinado por la Red Internacional de Educación Financiera (INFE, por sus siglas en inglés), que incluía siete preguntas con contenido financiero, cuyos datos recoge el documento del Banco de España Diferencias de género en competencias financieras. En el caso de España, el 67% de hombres responden correctamente al menos a cinco de siete preguntas frente al 50% de mujeres (en el resto de los países el promedio es 61% (hombres) 51% (mujeres). Estos datos sitúan a nuestro país “en el decimocuarto lugar en la clasificación de conocimientos financieros de los hombres, pero desciende al vigésimo puesto en el caso de las mujeres”.

La extrapolación del estudio de la OCDE al modelo español lo encontramos de nuevo en la Encuesta de Competencias Financieras (ECF), sobre la base de un cuestionario de diez preguntas (siete coinciden con las del mencionado estudio INFE-OCDE). El resultado es similar: “En promedio los hombres responden correctamente a siete de diez preguntas mientras que las mujeres lo hacen en seis”. Las razones que pueden explicar esta diferencia de conocimientos financieros según el género son múltiples: van desde las características sociodemográficas pasando por las habilidades numéricas y lectoras, el interés y experiencia en finanzas o la especialización de tareas dentro del hogar.

Conclusión: España ocupa el decimocuarto lugar en la clasificación de conocimientos financieros de los hombres y el vigésimo puesto en el caso de las mujeres.

La amenaza del umbral de pobreza.

Al suspenso en educación financiera de las personas mayores de 65 años se suma la posición económica de riesgo de este colectivo, tal como recoge la Encuesta de Condiciones de Vida, 2020 (INE). En este punto no hay que dejarse llevar por falsos espejismos: la mejora de la posición económica de los mayores de 65 años durante las crisis económicas –se ha destacado reiteradamente durante la recesión de 2008 y en la pandemia­– no se debe a que hayan incrementado sus ingresos sino a que han caído los del resto.

Conclusión: Ya lo dice el refranero: en el mundo de los ciegos, el tuerto es el rey. Sin duda, una correcta educación financiera permitiría que todos tuviésemos una mejor ‘visión’.

La importancia de la educación financiera: que no te den gato por liebre.

Una buena educación financiera es la mejor vacuna frente al virus de algunas malas prácticas de las que nuestros mayores pueden ser víctimas. Algunos ejemplos. Ante su ‘tradicional’ falta de educación financiera, nuestros mayores suelen apoyar sus decisiones económicas basándose en la confianza del asesor bancario que les atiende tras la ventanilla, una confianza agrietada por sucesos como la salida a Bolsa de Bankia en 2011 (“Hazte bankero a partir de 1.000 euros”), al presentar unas cuentas que no reflejaban la situación real de la entidad.

A una escala menor están las ofertas de inversión para ganar dinero fácil, “una situación que identifican el 12,6% de quienes tienen menos de 75 años, porcentaje que destaca significativamente con respecto al registrado entre quienes tienen 75 y más (6,4%) y también al 9,5% entre el total”, señala la Asociación Democrática de Pensionistas y Jubilados de España (UDP) en su Informe sobre indefensión y vulnerabilidad. A esto hay que sumar –continúa– “que más de la mitad de las personas mayores en España se sienten más vulnerables a los timos y estafas a medida que cumplen los años (52,6%)”.

Conclusión: si a la falta de educación financiera le sumamos edades avanzadas la vulnerabilidad se multiplica

 

Educación financiera y digitalización: diagnóstico y soluciones.

Parece obvio, pero conviene recordarlo: la mejora de las competencias financieras va unida a la digitalización, una palanca que ayuda a las personas a fortalecer sus finanzas. Aunque esto se aplica a todos los grupos de edad, la brecha es especialmente dramática en los más mayores, ya que ese analfabetismo digital actúa como otra barrera excluyente que está siendo acentuada por el cierre de oficinas bancarias físicas –debido a la transformación digital del sector– y porque muchos procesos administrativos y bancarios ya son online. “Que cada vez más la única manera de manejar tus finanzas sea a través de los sistemas informáticos crea una crisis realmente importante en la persona mayor ante la dificultad para poder utilizarlos”, afirma Juan Manuel Martínez, presidente de CEOMA (Confederación Española de Organizaciones de Mayores).

Para la Asociación Democrática de Pensionistas y Jubilados de España, “el efecto de la brecha digital en la vulnerabilidad de los mayores es, precisamente, la imposibilidad de realizar esas gestiones”. Le ocurre a una de cada tres personas mayores. ¿A qué gestiones se refiere? “Tratar de obtener información por teléfono (20,9%), las gestiones bancarias (19,5%) y las gestiones administrativas (18,2%) son las que más personas mayores no han podido realizar por ese motivo”.

Conclusión: La educación financiera y la digital tienen que ir de la mano para que sea eficaz

 

¿Cómo eliminar barreras?

Consciente de que la transformación digital de bancos y cajas es un camino sin retorno, el presidente de CEOMA reclama cursos de formación específicos para las personas mayores que permitan reducir tanto la barrera digital como la de educación financiera. Predicando con el ejemplo, esta asociación ya ha abierto esa vía, con cursos “que hacen más amigable el uso de las nuevas tecnologías”, y tiene en desarrollo la puesta en marcha de un servicio de asesoría jurídica y financiera.

Juan Manuel Martínez anima también a los legisladores “a incluir en las disposiciones transitorias de las leyes un proceso gradual para su puesta en marcha” (en referencia a la transformación digital de los bancos y su efecto en el servicio que prestan a las personas mayores). “No podemos pasar directamente de la A a la D”, señala. Entre las propuestas para eliminar barreras, el presidente de CEOMA reclama una mejor accesibilidad de los cajeros y terminales públicos para las personas mayores: “Tener dificultades de vista o de oído son producto del envejecimiento natural, no son enfermedades”.

En este contexto, para reducir la brecha de la educación financiera algunas voces –como las escuchadas en la pasada cumbre EduFin Summit, organizada por el Centro para la Educación y Capacidades Financieras de BBVA– demandan una colaboración más estrecha del sector público y privado. Un debate en el que emerge la figura del trabajador social como el profesional que pueda desempeñar esa formación entre las personas más vulnerables, propone Carmen Pérez, directora general de la fundación de microfinanzas y emprendimiento Nantik Lum.

Juan Manuel Martínez, presidente de CEOMA, también añadiría a los potenciales prejubilados de la banca por los EREs, en referencia a Caixabank y BBVA. “Los bancos y las cajas deberían de preocuparse y ocuparse de estas cuestiones. Partiendo de la postura de que estamos en contra de las prejubilaciones, ¿por qué no reubicar ese personal y convertirlos, dentro de las oficinas, en asesores de las personas mayores para que les enseñen, por ejemplo, en el manejo de los sistemas informáticos?”, propone.

Conclusión: La formación en educación financiera y digital es responsabilidad de todos

 

Buenas prácticas, un marco general.

No todo son malas noticias. La educación financiera en las personas mayores ya forma parte de la agenda de instituciones nacionales e internacionales. Desde la OCDE al Banco a España. El banco emisor español enumera en su Plan de Educación Financiera los principios esenciales del Código de Buenas Prácticas que contribuyen a una mayor transparencia informativa. Son los siguientes:

  1. Facilitar una educación financiera al servicio de las personas.
  2. Promover una educación financiera imparcial y de calidad.
  3. Separar la educación financiera de la actividad comercial.
  4. Adecuar la educación financiera al público al que se dirige.
  5. Facilitar una educación financiera clara, veraz y precisa.
  6. Proporcionar una visión completa y libre de cualquier sesgo de las materias que abarque la educación financiera.
  7. Utilizar un lenguaje sencillo, pedagógico y adecuado a las características del público al que se dirige.
  8. Evitar el uso de logos y marcas propios, cuando se trate de entidades con ánimo de lucro.

En ese sentido, el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, recuerda que la educación financiera “es vital porque garantiza la existencia de una población capaz de tomar decisiones financieras responsables a lo largo de su vida, y con conocimiento sobre sus derechos y obligaciones como usuaria de productos financieros”, además de ser una herramienta inclusiva para nuestros mayores.