Menú
Tiempo de lectura: 9 minutos

Invertir en envejecimiento

Tratar de demorar la senectud ha sido una constante a lo largo de la historia humana en general y de la medicina en particular. Hoy, este proceso natural puede mirarse bajo otras perspectivas, que incluyen el ámbito inversor.
Economía, finanzas, empresa
Pedro del Pozo Vallejo

El envejecimiento poblacional es sin duda uno de los grandes retos del futuro a nivel global y, de manera muy especial, en las sociedades desarrolladas. A día de hoy, más del 25 % de los ciudadanos de Europa Occidental, EE. UU., Japón, Canadá y Australia tienen una edad superior a 60 años. Y este porcentaje no hace sino aumentar.

 

Características de la inversión en envejecimiento

Las convulsiones vividas en los mercados financieros en los últimos años han tenido como una de sus múltiples consecuencias la búsqueda de nuevas áreas de negocio por parte de muchos inversores, como un medio para salir de la clásica correlación entre activos tradicionales de renta fija y variable.

Dentro de esa búsqueda, han aparecido nuevos subyacentes asociados a temáticas que, si bien en un principio podían tener un cierto carácter “exótico”, hoy son cada vez más aceptadas e incluso demandadas no solo por el inversor institucional, sino también por el cliente particular. Dentro de esta nueva tipología podemos incluir materias tan diversas como el cambio climático, la robótica, la gestión del agua, la educación o, como es el asunto de este artículo, el envejecimiento poblacional.

Lo que distingue al envejecimiento poblacional frente a otras alternativas como las descritas anteriormente es que se trata de una materia que se ve beneficiada por el obvio crecimiento sostenido de la edad media de los habitantes de la gran mayoría de países, por lo que constituye un parámetro bastante predecible. Este ritmo acelerado y continuo hace que nos encontremos ante una cuestión de carácter no cíclico. Es decir, estamos tratando con una inversión que, en teoría, va a mostrar una baja correlación con el resto de activos tradicionales, esencialmente bonos y acciones.

Adicionalmente, a una cuestión como el envejecimiento de un sector de la población, que tiene no poco de frío cálculo matemático y actuarial, parece evidente que conviene añadirle nuevas consideraciones, algunas de las cuales tienen que ver con el desarrollo económico y social, que genera un mayor bienestar. Esto es válido no solo en las economías más avanzadas, sino también para países emergentes, como China, que están modificando a pasos agigantados las estructuras de su sociedad, incluyendo un fuerte impulso a la calidad de vida y atención a la población más mayor.

La idea, que cada vez tenemos más imbuida en este ámbito, es que el viejo paradigma de la jubilación como tránsito final de de un ciclo, esencialmente ya completo, está siendo sustituido por un periodo vital cada vez más largo, que impone cambios estructurales en la sociedad muy amplios y que nos obligan a tomar en mayor consideración a un conjunto de la ciudadanía, no solo cuantitativamente mayor, sino con unas necesidades mucho más sofisticadas que las que asociamos con las imágenes arquetípicas del “jubilado”.

Una cuestión importante es dilucidar si nuestros mayores de mañana tendrán un poder adquisitivo superior o, al menos, similar al actual o si, por el contrario, la crisis del sistema de pensiones originará un enorme grupo social de miembros de la tercera (o cuarta) edad empobrecidos. En lo tocante a rentas, debemos decir que la previsible menor pensión pública puede quedar compensada en muchos casos por los mayores volúmenes de rentas agregados procedentes del pago de pensiones, fruto, en buena medida, de la incorporación masiva de la mujer a la fuerza laboral. También es estimable el hecho de que cada vez un mayor número de personas incorporan a sus economías particulares sistemas de ahorro complementario, de cara al futuro, como pueden ser fondos o planes de pensiones, rentas de vivienda, etc. En ese sentido, toma cada vez más fuerza la necesidad de realizar, por parte de las sociedades de inversión o intermediarios financieros, una gestión particularizada de patrimonio y ahorro para este sector de la sociedad, nuestros mayores, con unas características muy específicas (marcos temporales, cobros de rentas, etc.) singularmente distintas del cliente tradicional.

Por todo ello, entendemos que la “temática” del envejecimiento será una de las principales y más grandes alternativas de inversión en los próximos años, hasta el punto que perderá su concepto actual, “temática”, por el que realmente le corresponderá: una auténtica industria. Un modo diferente de invertir en activos rentables, cuyo fin será mejorar la calidad de vida, en múltiples facetas, de la población de más edad.

 

No solo cuestión de salud, aunque también

Cuando pensamos en inversión referida al envejecimiento poblacional, el primer ámbito de aplicación que nos viene a la cabeza es, con mucha probabilidad, el sector salud. En efecto, a medida que la edad va avanzando en nuestras vidas, la demanda de estos servicios va haciéndose más intensiva, hasta el punto de que este grupo de ciudadanos llegan a representar, con diferencia, el principal consumidor de esta clase de productos.

Conviene decir que bajo la denominación genérica de “salud” estamos incluyendo múltiples facetas distintas, que poco o nada tiene en común, salvo el hecho final de dar un servicio social, asistencia, terapéutico, etc., a un colectivo determinado. En líneas generales alcanza a las farmacéuticas, asistencia sanitaria, tecnología médica, suministros médicos, ortopedia, biotecnología, residencias de la tercera edad, hospitales, senior resorts… Todas ellas se relacionan con las tendencias demográficas, es decir, con el envejecimiento.

En ese sentido, es evidente que el subsector de farmacia tiene una especial primacía: en el mundo occidental el 70 % de las personas mayores de 65 años consume regularmente medicinas, lo que da una muestra del potencial, presente y futuro de este tipo de inversiones.

Pero, como decimos, no se trata solo de medicación: los cuidados sanitarios, centros asistenciales, servicios de dependencia, prótesis y ortopedia, etc., son también un foco de especial atención, particularmente a medida que se va avanzando en edad. Especialmente relevante es el ámbito de las residencias geriátricas, no solo concebidas ya para aquellas personas que son muy demandantes de cuidados, sino también como alternativas de vivienda de calidad, con una serie de servicios específicos para este colectivo. Este concepto, muy novedoso en Europa, es ya una vía popular en EE.UU., especialmente en lugares habituales de destino de muchos jubilados, como es el Estado de Florida.

Derivado de todo ello, comienza a aparecer una industria no ya de antienvejecimiento, sino de rejuvenecimiento o juvenescencia, asociada a la idea, cierta, de que ya no solo se trata de vivir lo más posible, sino de vivir con el mejor estado físico posible. En esta línea, también la biotecnología constituye una parcela de apoyo para mejorar el estado vital, demorando en lo posible la senectud.

Pero no es solo el de salud el sector a tener en cuenta. De hecho, según distintos análisis, ni siquiera es el primer sector de consumo de nuestros mayores.

Conviene decir que el comportamiento de los consumidores de la tercera edad va cambiando con los años: no es lo mismo el colectivo de entre 60 y 70 años, que entre 70 y 80 o de más de 80 (ahora denominado “cuarta edad”). De esta manera, los jubilados van cambiando sus preferencias de gasto desde alimentación, textil, viajes y entretenimiento, en una primera fase, hacia otro tipo se sectores, en una segunda fase, como pueden ser vivienda, seguridad y salud, en las múltiples vertientes apuntadas anteriormente.

Por lo tanto, no se deben obviar las posibilidades de inversión en segmentos cuasiolvidados como el ocio encauzado hacia este colectivo, tanto fuera como dentro del hogar; el ahorro específico para personas mayores, generalmente jubiladas, o incluso el sector automovilístico, teniendo en cuenta que en no pocos casos hablamos de un subconjunto de la población que puede acceder a marcas de lujo por no tener otros gastos corrientes (niños, colegios, hipotecas, etc.), propios de fases vitales anteriores.

 

Formas de invertir en envejecimiento

Hasta ahora hemos analizado las distintas facetas que puede tener la inversión en envejecimiento. Pero ¿cómo invertir? Y antes que eso, ¿se trata de una industria segura?

Partiendo de la base de que toda inversión tiene asociado un componente intrínseco de riesgo, existe un cierto consenso en el ámbito profesional de que las compañías que entran dentro de esta temática tienen, en general, reducidos costes de capital (menores que una gran empresa industrial, por ejemplo) y que el universo de inversión es fuerte y resiste mejor a las caídas del mercado que otros sectores. Se trataría pues de un subsector de carácter “defensivo”. Conviene decir en todo caso que en un difícil año como ha sido 2018, la rentabilidad de algunas estrategias con empresas asociadas a la salud/envejecimiento no solo ha mostrado números positivos, especialmente en Norteamérica, sino que, en determinados activos, ha superado el 10 % de revalorización.

Cómo implementar esta temática depende en buena medida de la sensibilidad final del inversor: para un cliente particular, el modo más sencillo y probablemente menos expuesto consiste en la compra de alguno de los fondos temáticos que, cada vez en mayor número, forman parte del muestrario de las gestoras de activos. En muchas ocasiones contienen distintas estrategias combinadas (salud, farmacia, residencias, ocio específico, etc.) para diluir el riesgo de una sola estrategia. En EE. UU., una vez más el país de referencia en este ámbito, un número significativo de fondos de renta variable mantienen posiciones en entidades de este sector, que pueden superar fácilmente el 5 % del total de la cartera. En muchos casos, estas actuaciones están asimismo vinculadas al marco de criterios de Inversión Socialmente Responsable.

Para un cliente institucional, y en especial del sector de seguros de vida, la inversión en envejecimiento puede constituir no solo un medio de búsqueda de rentabilidad por la vía tradicional (compra de acciones, bonos o fondos de inversión referidos o emitidos por compañías que trabajen enfocadas a estos servicios), sino también una fórmula de mejorar las sinergias de su actividad, bien mejorando sus riesgos del pasivo, mediante un cierto complemento de su propia actividad, ligada en buena medida a la longevidad, o bien ofertando o promoviendo determinados servicios, como las residencias geriátricas, entre sus clientes.

Por lo tanto, nos encontramos ante unas opciones de inversión de extraordinario interés, con un crecimiento garantizado y que probablemente será cada vez más amplio a medida que aparezcan vehículos o formas nuevas de entrada, como los bonos de longevidad. En todo caso, caben pocas dudas en que el peso relativo del sector en el conjunto de la economía va a continuar aumentando.

Sobre el autor

Pedro del Pozo Vallejo