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La edad cronológica ya no corresponde a la edad biológica

El Instituto de Investigación de Credit Suisse ha presentado un estudio que pide replantear los sistemas de pensiones actuales porque no responden a las necesidades de una sociedad que nada tiene que ver con la de finales del siglo XIX, cuando empezaron a ponerse en marcha. Basar la edad normal de jubilación en un umbral universal y rígido (65 años) no está a la altura de la multidimensionalidad de la edad.

El estudio “Rethinking retirement” del Instituto de Investigación de Credit Suisse (IICS) insta a abordar dos cuestiones básicas relacionadas con el envejecimiento de la población: cómo garantizar la seguridad financiera de un número cada vez mayor de jubilados y cómo establecer un sistema de pensiones sostenible para las generaciones futuras.

El aumento de la esperanza de vida y el descenso de las tasas de fertilidad han hecho que el envejecimiento de la población sea una realidad que no se limita a los países desarrollados sino que se ha convertido en un fenómeno mundial.

El IICS examina a fondo las cuestiones y tendencias más importantes relacionadas con las pensiones y la jubilación. Entre las principales conclusiones destaca el concepto de la edad cronológica (determinada por la fecha del calendario en que nació una persona y que se mide en días, meses y años) frente a la edad biológica (viene dada a nivel celular, es el envejecimiento real y progresivo de nuestro organismo).

Definimos nuestra edad por lo que aparece en el DNI, un número que no refleja nuestro bienestar subjetivo. Además, se debería reconsiderar el concepto tradicional del ciclo de vida en tres etapas —educación, vida laboral y jubilación— y aumentar nuevas formas de trabajo (por ejemplo, empleo a tiempo parcial o temporal) y la formación que facilite la transición a una vida laboral más larga.

Con la esperanza de vida en aumento, estas tres etapas puede que no se adapten a la nueva realidad. Cuando no se aborda la multidimensionalidad de la edad, estas políticas pueden conducir a la desigualdad, creando ganadores y perdedores: mientras que las personas sanas disfrutarán de los beneficios de una vida laboral más larga, las personas menos sanas pueden verse gravemente afectadas por los años adicionales en la fuerza de trabajo, y el hecho de no trabajar conduce a una reducción de los ingresos de la vejez.

 

Otras conclusiones

El envejecimiento de la población mundial está ejerciendo presión sobre los sistemas de pensiones existentes en todo el mundo. Los gobiernos se enfrentan a una creciente oposición a la reforma de los sistemas de pensiones, sin embargo, cuanto más se retrase el debate, más difícil será revertir las consecuencias negativas del aplazamiento.

Será necesario, por tanto, aumentar gradualmente la edad de la jubilación ya que esto permitiría ampliar simultáneamente la fase de ahorro y acortaría el período medio de pago de las pensiones. Muchos sistemas de pensiones siguen siendo demasiado rígidos para responder a las necesidades de una sociedad cambiante y tendrán que ser más flexibles para abarcar una amplia gama de casos diferentes, en particular para los que se encuentran en acuerdos de trabajo no estándar. Estos trabajadores tienden a tener una cobertura de pensiones ocupacionales inferior o incluso nula.

Según Oliver Adler, economista jefe de Credit Suisse, “cada país se enfrenta a un desafío único para garantizar que los sistemas de pensiones sean sostenibles y normalmente se requiere una combinación de medidas para que los pensionistas puedan seguir disfrutando del nivel de vida al que están acostumbrados. Tenemos que corregir la forma en que vemos la jubilación y el esfuerzo colectivo necesario para garantizar que un futuro equitativo y sostenible sea posible para todos».

 

Sistemas de pensiones más sostenibles

Muchos países han adoptado medidas para mejorar sus sistemas de pensiones. En general, el estudio plantea cuatro opciones para que los sistemas de pensiones sean más sostenibles.

En primer lugar, se podría alentar u obligar a las personas a ahorrar más para la jubilación durante su vida laboral. En segundo lugar, se podrían movilizar fondos adicionales mediante el aumento de los impuestos. Sin embargo, habida cuenta de los impuestos ya elevados que se aplican en muchos países de la OCDE, es poco probable que este enfoque aporte una solución, especialmente si se consideran los incentivos laborales negativos derivados del aumento de los impuestos o la evasión fiscal.

En tercer lugar, el aumento de la edad de jubilación sería un enfoque obvio para reducir los déficits de financiación, y podría complementarse con incentivos para alentar a las personas a trabajar más tiempo. En cuarto lugar, las personas podrían aceptar pensiones más bajas en el futuro para garantizar la sostenibilidad del sistema a largo plazo. Por lo general, se requerirá una combinación de medidas para garantizar que los futuros pensionistas sigan disfrutando del nivel de vida al que están acostumbrados.

La proporción de personas mayores de 65 años en el mundo desarrollado ha aumentado del 7,7 % en 1950 a más del 19 % en la actualidad y se estima que alcanzará aproximadamente el 27 % en 2050. En cambio, la proporción era del 3,8 % en las regiones en desarrollo en 1950 y se prevé que aumente al 7,4 % en 2020.

El sistema de pensiones se ve especialmente afectado por este desarrollo, ya que el aumento del número de pensionistas contrasta con la continua disminución del número de contribuyentes financieros.

Para agravar la situación, las prestaciones deben pagarse durante un período más largo. Pero el mercado laboral también tendrá que hacer frente a las repercusiones de esta ola de jubilaciones. Sin el progreso de la productividad, este desarrollo también tendrá un impacto negativo en el crecimiento económico.