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Una década para aprender a envejecer de forma saludable, y mejorar el mundo

Mil millones de personas tienen 60 años o más en el mundo. Nunca antes la población había sido tan vieja, pero todo parece indicar que nunca será más joven: este grupo alcanzará los 1.400 millones en 2030.

Sobre cómo gestionar este reto demográfico advierte, sensibiliza y actúa el programa Década de Envejecimiento Saludable 2020-2030 impulsado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Las proyecciones de la OMS indican que “en 2050 casi el 80% de las personas mayores de todo el mundo vivirán en los países menos desarrollados”. Este aceleramiento en el incremento de la edad media preocupa especialmente en los países en vías de desarrollo, que se ven obligados a adaptar sus estructuras y capacidades sanitarias y de bienestar social en un periodo mucho más corto del que lo hicieron en su momento los desarrollados. De ahí que la OMS considere prioritario actuar ya.

El programa de la Década de Envejecimiento Saludable 2020-2030 se convierte en el segundo plan de acción de la Estrategia mundial de la OMS sobre el envejecimiento y la salud. En concreto, da continuidad al Plan de Acción Internacional de Madrid sobre el Envejecimiento (2002) de las Naciones Unidas, y se ajusta al calendario de la Agenda de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030.

Qué es el envejecimiento saludable

Para entender el reto en toda su extensión es preciso definir el concepto de envejecimiento saludable, que según la OMS es:

“Desarrollar y mantener a edades avanzadas la capacidad funcional que hace posible el bienestar”.

La capacidad funcional viene determinada por tres factores:

  1. La capacidad intrínseca de una persona: todas sus habilidades físicas y mentales.
  2. El entorno en el que vive:  tanto el físico y social como el político.
  3. Las interacciones entre las capacidades intrínsecas y el entorno.

Quizá sea más gráfico acercarse al concepto con este símil: cuando una persona cumple los 60 años, tiene una esperanza de vida media de 22 años; envejecerá de forma saludable en la medida en que pueda hacer de forma autónoma lo que para ella es importante durante el mayor tiempo posible.

Cómo avanzar hacia un envejecimiento saludable

“Para fomentar un envejecimiento saludable y mejorar las vidas de las personas mayores y sus familias y comunidades, será necesario introducir cambios fundamentales”.

La OMS acompaña su afirmación con cuatro puntos en cuyo desarrollo deben trabajar los estados miembros de la ONU, todos los organismos de esta institución y las asociaciones nacionales e internacionales.

1.     Cambiar nuestra forma de pensar, sentir y actuar

El edadismo ha destapado que en torno al envejecimiento hay unos estereotipos (cómo pensamos), unos sentimientos (prejuicios) y actuaciones (discriminación) negativos.

Estas actitudes comienzan a formarse en la infancia y se consolidan durante toda la vida. El resultado es: “La marginación de las personas mayores dentro de sus comunidades. Reduce su acceso a los servicios, incluida la atención sanitaria y social, y limita la valoración y el aprovechamiento del capital humano y social que representan”. Situación que se puede agravar cuando se suman otros factores de discriminación como el de mujer o discapacitado.

Propuestas de cambio, Inciden en la regulación de leyes que prohíban la discriminación y mecanismos que garanticen su cumplimiento. Al tiempo, la derogación de esos marcos jurídicos que de algún modo fomentan el edadismo. La educación es la otra gran palanca de cambio.

2.     Fomentando las capacidades del mayor

Las comunidades deben adaptar los entornos a las necesidades de las personas mayores. El objetivo es que además de promover la salud, se fortalezca y mantenga la capacidad física y mental a lo largo de toda la vida. En segundo lugar, que se permita a las personas seguir haciendo las cosas que valoran, incluso cuando empiecen a perder capacidad.

En este punto, se incide en la importancia de que tanto en el mundo urbano como el rural se propicie un envejecimiento autónomo, que permita al mayor seguir aportando a la sociedad durante más tiempo.

Propuestas de cambio. Algunas de las líneas de trabajo son:

  • Impulsar un crecimiento económico sostenible e inclusivo.
  • Mejorar el acceso al aprendizaje a lo largo de la vida.
  • Eliminación de los obstáculos para mantener y contratar a trabajadores de edad y la limitación de las repercusiones de la pérdida del empleo y la pobreza.
  • Provisión de pensiones y prestaciones sociales adecuadas y financieramente sostenibles.
  • Reducción de la desigualdad en el acceso a la atención mejorando el apoyo que reciben los cuidadores informales.

 

3.     Ofrecer una atención integrada y servicios de salud primarios

Muchos sistemas sanitarios se centran en la enfermedad aguda, desproveyendo al mayor de unos servicios que presten atención a las dolencias más comunes del envejecimiento, por ejemplo, la salud dental.

Propuestas de cambio. La atención primaria universal es aquí “el enfoque más eficaz y eficiente para mejorar la capacidad y el bienestar físico y mental”, del mayor, potenciando de modo especial los servicios de enfermería. Debe ser una atención sensible a las necesidades específicas del envejecimiento, por ejemplo, la demencia, la fragilidad o la incontinencia urinaria.

4.     Proporcionar acceso a la atención a largo plazo para el mayor que lo necesite

Los sistemas sanitarios actuales enfocan el cuidado en el largo plazo en “una asistencia no estructurada, prestada principalmente por las familias y en particular, por las mujeres”, se explica desde la OMS.

El Plan de Envejecimiento Saludable de la OMS afirma que es necesario trabajar en servicios de asistencia y apoyo social que ayuden al mayor en la vida cotidiana y el cuidado personal. El objetivo es favorecer que pueda mantener sus relaciones sociales, envejecer en un lugar adecuado (su domicilio en muchos casos), no ser víctima de maltrato, acceder a los servicios comunitarios y participar en actividades que den sentido a su vida.

Propuestas de cambio. En esta cuarta y última gran línea de atención propone crear líneas de financiación para las estructuras de cuidado en el largo plazo. Como medidas más concretas, otras como la atención diurna, servicios para el descanso del cuidador, apoyo a los cuidadores informales (programas de voluntariado) y fortalecimiento de su capacidad.