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Lecciones para no volver a suspender bioética en la próxima pandemia

Qué puede y debe aprender la sociedad, la política y las instituciones de una gestión de la pandemia que vulneró los valores de la bioética con sus mayores.

La dura experiencia global que está implicando la gestión de la pandemia obliga a reflexionar sobre las decisiones tomadas y la asunción de sus consecuencias. Con este objetivo de “arrojar luz”, se han celebrado las I Jornadas bioéticas para ciudadanos, que han ofrecido a expertos nacionales e internacionales un foro de reflexión, en el que también ha participado Escuela de Pensamiento de Fundación Mutualidad Abogacía, defendiendo los derechos de los más mayores.

Estas jornadas organizadas por Asencro, Asociación de Pacientes y Usuarios de la Sanidad Pública y Privada del Principado de Asturias, han contado con apoyo de Cámara Oviedo y el Ayuntamiento de Mieres. Desde el auditoriu Teodoro Cuesta, de la antigua villa minera, se transmitieron estos encuentros en línea los días 27 y 28 de octubre.

El principal objetivo de las jornadas es poner en valor la bioética. Un valor que Susana Pérez-Alonso, presidenta de Asencro, define sin ambages como “la decencia y el buen hacer”. Sin embargo, “durante la pandemia “observamos con preocupación cómo la humanización-bioética empezó a convertirse en una ciencia casi secreta, reservada para los llamados iniciados, y eso no nos gustó”.

La pandemia, territorio de desinformación

Precisamente, el doctor en medicina Enrique Battaner Arias recordó que la pandemia siempre estuvo asociada a prácticas dudosas. El exrector de la Universidad de Salamanca explicó que en la historia se recogen “258 eventos que podemos considerar como epidemias”, y  todas ellas tienen en común: “No existir respuestas claras científicas ante el problema surgido”. En opinión de Battaner, esta es la principal razón por la que en, primer lugar, entran en juego, “de forma espontánea, la especulación, desinformación y anticiencia y, en segundo lugar, las desinformaciones deliberadas”.

“La próxima pandemia puede tardar otros cien años en aparecer, pero también puede hacerlo el mes que viene”, concluía el doctor, “y es necesario estar preparados, de manera que podamos evitar el desconcierto inicial que lastró la primera respuesta”.

Garantizar los derechos del mayor en pandemia

Que la amenaza a la bioética ha sobrevolado la gestión de la pandemia, ha sido un punto de máxima coincidencia en las jornadas. Ya en la intervención de clausura, José Miguel Rodríguez-Pardo del Castillo, presidente de Escuela de Pensamiento de Fundación Mutualidad Abogacía, recordó como el Decálogo de los derechos de las personas mayores en tiempos de pandemia surgió en los peores momentos de la crisis sanitaria: en marzo de 2020, su virulencia llevó a determinadas administraciones sanitarias a establecer protocolos diferentes de triaje y cuidados intensivos hospitalarios para las personas mayores.

Esta situación, que Rodríguez-Pardo del Castillo calificó durante las jornadas de “gerontofobia”, fue corregida el 2 de abril por una publicación del Ministerio de Sanidad. Se advertía sobre el peligro de que medidas de ese tipo fueran contrarias al artículo 14 de la Constitución que consagra la igualdad de todos los ciudadanos (“los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”).

En este contexto, y a solicitud del Consejo General de la Abogacía, Escuela de Pensamiento, reflexionó en un documento sobre un tema de gran complejidad. Finalmente, este trabajo liderado por el profesor Carlos María Romeo Casabona, se entregó a las altas administraciones del Estado, desde la Casa Real a la presidencia del Gobierno y del Congreso y Senado o el Consejo del Poder Judicial, entre otros.

En su primer punto, el decálogo defiende que “el respeto de la dignidad que poseen todos los seres humanos, incluidos los que, como las personas mayores, experimentan situaciones de mayor vulnerabilidad vinculadas con las pandemias”. Este  punto, más otros nueve basados en la evidencia de la bioética, se pueden leer hoy hasta en la web del Consejo de Europa.

“Finalmente su repercusión ha sido mayor de la que incluso estimamos”, explicó  Rodríguez-Pardo del Castillo a los asistentes. Pero ahora que lo peor de la pandemia parece quedar atrás, sus ideas pueden ser más valiosas que nunca: “Si los parlamentarios tienen en su consideración reflexionar sobre una ley de pandemia, este decálogo podría salvaguardar todos los derechos de las personas mayores”.

La estrategia no solo debe pensar en salud

La debilitación de los derechos fundamentales en tiempo de pandemia fue el título de la ponencia que el profesor Carlos María Romeo Casabona ofreció. El catedrático de Derecho Penal y experto en bioderecho de la Universidad del País Vasco/EHU reconoció que “ una situación de enfermedad totalmente desconocida”, en buena medida por su capacidad de expansión, “nos puso a todos en una situación de falta absoluta de preparación y de reacción inmediata”. Y esta “realidad invasora”, dificultó en todos los países “tomar a tiempo medidas preventivas, curativas y paliativas”

Finalmente, la situación colapsó las unidades de cuidados intensivos de los hospitales, que empezaron a tomar medidas de discriminación: “Hemos visto una clarísima manifestación de edadismo, es decir, de discriminación por edad”. “Pero no solo ocurrió en nuestro país”, insistía Romeo Casabona, “prácticamente en todo el mundo occidental más rico” y “particularmente entre aquellas personas mayores que vivían en residencias públicas o privadas”.

Pero el profesor también extrae buenas prácticas de la pandemia. Una de ellas es una evidente mayor colaboración sanitaria de las comunidades autónomas entre sí y con el Estado, que ve representadas en las reuniones del Consejo Interterritorial de Salud: “Bien me gustaría que hubiera órganos semejantes en materias que no tienen que ver con la sanidad, pero que harían de España un país mejor cohesionado”

Para finalizar, Romeo Casabona compartió una reflexión del grupo Europeo de Ética, asesor de la Comisión Europea del que forma parte, que en su opinión resume la esencia de lo aprendido: “Toda estrategia debe tener en cuenta no solo las amenazas a nuestra salud sino también las amenazas a nuestra democracia, a los derechos individuales y a la sostenibilidad económica. El COVID-19 ha demostrado una vez más, que los más desfavorecidos económicamente son los más vulnerables a la enfermedad”.