Menú

¿Por qué debemos reducir la brecha digital para nuestros mayores en zonas rurales?

Cuando pensamos en zonas rurales es inevitable asociarlo a lo que ya llamamos la “España vaciada”. Veremos cuánto nos ha hecho evolucionar la pandemia y el teletrabajo para considerar mover nuestra vida en estos lugares.

Isabel Fernández, rectora de la Universidad Alfonso X el Sabio y miembro del Consejo Científico

Pero mientras tanto, no olvidemos que esta España no está vacía y la proporción de personas mayores de 65 años que allí viven supera hasta en 10 puntos la proporción en otro tipo de localizaciones, según los datos del INE.

Estos periodos de restricción de movilidad y, por lo tanto, de contacto físico con nuestras personas queridas nos han recordado a los que vivimos conectados la importancia de este “derecho”. Existen numerosos estudios científicos que cuantifican el impacto de la soledad en el desarrollo de ciertas patologías como la depresión, trastornos del sueño, pérdida de capacidades cognitivas o el deterioro de la salud cardiaca. El Dr. Vivek Murthy, uno de los altos responsables en el sistema público de salud de la era Obama, dijo que “[…] la soledad y la falta de interacción social se asocian con una reducción en la esperanza de vida similar a la causada por fumar 15 cigarrillos al día.” No hay duda alguna: la tecnología mitiga esta soledad.

Y ¿qué ocurre con la brecha digital de nuestros mayores en las zonas rurales? La brecha tiene tres escarpados escalones: la conectividad técnica, la conectividad económica y el desarrollo de competencias digitales. No olvidemos que nos hemos obligado como sociedad a reducir las desigualdades en los Objetivos para el Desarrollo Sostenible en la Agenda2030, ODS 10. Y a día de hoy sólo podemos decir “estamos trabajando en ello”.

Según datos proporcionados por el Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, a través de la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales, la cobertura de redes de banda ancha de 30 Mbps en España ha alcanzado el 94,3% de la población, lo que es un buen dato. Pero cae hasta el 86,6% para la población que vive en municipios cuya densidad es inferior a 100 habitantes por kilómetro cuadrado. La cobertura de la banda ancha ultrarrápida (100 Mbps) cae desde el 83,6% de la población nacional al 50% en zonas rurales.

Desde el 2020 existe el Bono Social de Telefonía e Internet que surge como un derecho que el Gobierno considera básico para los ciudadanos. Esta ayuda dirigida a las rentas más bajas no cabe duda que ayuda a nuestros mayores jubilados y pensionistas.

Y en cuanto al desarrollo de las competencias digitales en las zonas rurales es donde más nos queda más por hacer. Existen iniciativas de mucho valor. Desde los programas formativos desarrollados desde la administración pública, como CapacitaTIC+55 de la Consejería de Bienestar Social de Castilla la Mancha. O la intensa actividad desarrollada durante 20 años por la Fundación Cibervoluntarios. Algunos de sus programas más conocidos son el de DIGITALIZADAS, que promueve la formación en mujeres en el entorno rural, o la campaña ‘Vive un Internet seguro’ que llevan a cabo con la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) y el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE). Si pensamos en una escalera, este escalón todavía está muy lejos de la cima de la brecha. Para que llegue a cualquier rincón la formación online necesita de la conectividad y de unas competencias digitales básicas para acceder. Y si pensamos en la formación presencial, la más eficaz para arrancar, recordemos la granularidad de poblaciones y la falta de movilidad para que las personas mayores puedan acudir a las poblaciones de mayor tamaño, que es donde se suelen impartir estos cursos presenciales.

La nueva Agenda Digital del Gobierno, España Digital 2025, incluye 50 medidas con las que, durante los próximos cinco años, se pretende impulsar el proceso de transformación digital del país, de forma alineada con la estrategia digital de la Unión Europea, mediante la colaboración público-privada. Por ejemplo, España Digital 2025 se fija como objetivo que el 100% de la población nacional tenga cobertura de 100 Mbps en 2025. Debemos abordar este plan sin demora y con intensidad.

Por si no fuera suficiente el derecho de las personas mayores y nuestro compromiso firmado en el 2015 para la reducción de la desigualdad que impacta en las zonas rurales, hay otras dos cuestiones que no son menores y que nos urge a trabajar en la reducción de la brecha digital en el entorno rural. Es imprescindible abordar la digitalización del sector agroalimentario y forestal. Está retrasando el desarrollo de nuevos modelos de negocio y la llegada de la agricultura inteligente y la Industria 4.0 al no poder desplegarse soluciones IoT que exigen alta conectividad. Nos referimos a un sector que contribuyó con el 2,7% al PIB de forma directa y un 10% de forma indirecta. Y la imperiosa necesidad de la plena conectividad y digitalización de la prestación asistencial para la sostenibilidad de nuestro sistema de salud, donde los crónicos y las personas mayores son usuarios intensivos. De nuevo, en términos de PIB, el gasto sanitario público en España ya representa el 5,5%, correspondiendo el 34% a la población de 65 y más años. Y según la AIReF, la autoridad independiente de responsabilidad Fiscal, esta situación crecerá considerablemente excediendo las previsiones del gobierno significativamente.

Luego respondiendo a la pregunta, debemos trabajar con urgencia en la reducción de la brecha digital en las zonas rurales por nuestros mayores y porque nos hará una sociedad cuantitativamente mejor: más sana, más rica, más feliz.

Sobre el autor

Dra. Isabel Fernández
Rectora de la Universidad Alfonso X el Sabio