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Tech for Good, las tecnológicas reinventan un Reino Unido post pandemia más solidario

El Reino Unido es observado con cierta envidia por el resto del mundo al ubicarse entre las naciones que antes pueden entrar en la ‘nueva normalidad’. Sin embargo, internamente se enfrenta a una pérdida de hasta el 9% del PIB y a la incertidumbre global sobre cómo evolucionará la pandemia.

Por Raúl Alonso

Un escenario duro pero que movimientos como Tech for Good ayudan a ver de modo más esperanzador: poner la tecnología al servicio de la reconstrucción para crear un mejor país.

“Dar un mayor apoyo a los grupos vulnerables de la sociedad, enfocar la innovación en el bienestar social y la sostenibilidad medioambiental”, son dos de los principios básicos que la consultora McKinsey recoge en Tech for Good: Helping the United Kingdom improve lives and livelihoods. En este documento de debate se plantea cómo los avances tecnológicos y su aportación a la digitalización en todos los segmentos de la vida y la economía pueden convertir la aportación de esta organización en estratégica.

Qué es el movimiento Tech for Good

El Reino Unido es uno de los países más activos de esta iniciativa internacional  que en el país agrupa a 490 empresas tecnológicas valoradas en más de 2.300 millones de libras, y una facturación conjunta de 732 millones de libras en 2018, según estimación de McKinsey. Un potencial al que hay que sumar el ecosistema que lidera incluyendo universidades, otras instituciones de I+D+i y el hábitat startup.

Tech for Good promueve “la utilización de la tecnología al servicio del bien común”, tanto social como del planeta, como explica en su web española. Para ello se promueven acciones sin ánimo de lucro enfocadas a cuatro áreas: apoyar startups de triple beneficio (empresarial, social y medioambiental); crear soluciones digitales éticas, inclusivas y sostenibles; impulsar tecnológicamente el movimiento de ONGs y asociaciones y democratizar la digitalización de todas las personas.

Qué aporta la tecnología a la reconstrucción

Para entender hasta qué punto un movimiento como este puede impactar en la vida y la reformulación de un país como Reino Unido, nada como saber en qué acciones concretas trabaja. McKinsey recopila algunas de las aportaciones en base a las seis áreas de desarrollo que identificó en 2020 como estratégicas.

  • Seguridad en el empleo. Plataformas inteligentes que reducen hasta a la mitad el plazo de búsqueda de empleo, trabajo en remoto o ampliación de la inteligencia humana a través de tecnologías.
  • Calidad de vida. Herramientas inteligentes de asesoramiento financiero a personas vulnerables; aplicaciones de donación de alimentos que ponen en contacto a los donantes con las personas que los necesitan o las organizaciones que los redistribuye; impresión digital de materiales de construcción para vivienda…
  • Salud y mayores. Reducción en tiempo y coste de la investigación y el testeo de fármacos, diagnóstico sanitario basado en AI, asistencia a la maternidad en países en vías de desarrollo, sensores inteligentes de apoyo al tratamiento en personas mayores.
  • Educación. Enseñanza personalizada con herramientas AI, enseñanza online masiva a bajo coste, herramientas de gestión inteligente de la empresa educativa para liberar recursos y dedicarlos a la enseñanza.
  • Medioambiente y sostenibilidad. Optimización del transporte urbano y flotas logísticas, puesta en valor del mercado de segunda mano, redes inteligentes de optimización de energías como la electricidad.
  • Igualdad de oportunidades. Herramientas de reclutamiento de personal para alcanzar una selección objetiva que valore los méritos por encima de sesgos como el género, edad, raza o apariencia física; dispositivos de apoyo a las personas con trastornos de habla y exoesqueletos para dar autonomía a discapacitados.

Cómo acelerar el proceso

Las innovaciones de Tech for Good abren al Reino Unido, y a todo el mundo, la posibilidad de alcanzar un crecimiento y bienestar más sostenibles en la próxima década. El reto es cómo liberar todo su potencial.

McKinsey cree que “existe una posibilidad de acelerar el impacto mediante la acción concertada de inversores, organizaciones del sector privado y entidades gubernamentales”. Como defiende Paul Miller, fundador de Bethnal Green Ventures: «Tras la crisis de COVID-19, tenemos que reconstruir, pero mejor. Tech for Good tiene la ventaja de que puede aportar un crecimiento económico significativo, pero también resolver importantes problemas sociales y medioambientales. Si abordamos con seriedad el crecimiento del ecosistema de personas y organizaciones que crean e inviertan en empresas que apuestan por utilizar la tecnología para hacer el bien, millones de personas se beneficiarán«.

El documento de McKinsey hace hincapié en la labor del “inversor tradicional”, que ahora tiene la oportunidad de evaluar sus decisiones con criterios de impacto social para crear unas carteras de empresas participadas más solidarias con la sociedad y la naturaleza, sin renunciar a los beneficios puramente económicos.