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El resistir de los más vulnerables

Si por algo se caracteriza el ser humano es por su gran capacidad de resiliencia. Momentos trágicos de la historia nos han demostrado que podemos enfrentarnos, adaptarnos y sobrevivir a casi cualquier situación, por compleja que parezca.

La crisis mundial sanitaria que estamos viviendo, provocada por la COVID-19, ha ido configurando una realidad diferente y casi distópica, en la que hemos pasado de lo coyuntural a lo estructural, viendo como nuestro día a día se alteraba de forma significativa.

No hace falta caer en la hipérbole para reconocer la gravedad de la situación que estamos viviendo. Y es fácil comprender que aquellos grupos sociales y colectivos más desfavorecidos, o menos preparados, pueden haber sido los más impactados y perjudicados. Pero ¿están la infancia y los adultos mayores entre esos colectivos?

 

El “superpoder” de la infancia

En Siete Estrellas – SocialMente llevamos más de 20 años trabajando con miles de niños, niñas y jóvenes en general, y con situaciones de exclusión en particular. Por ello, creemos que la respuesta a la pregunta que se plantea en este artículo es un no en general, y sí en particular.

Los niños y las niñas han sabido adaptarse a la nueva realidad desde el primer momento y también en las diferentes fases por las que hemos transitado. Se les ha prohibido salir de casa, ver a sus amigos y jugar con ellos, encontrarse con otros familiares no convivientes, ir al colegio, … y pese a todo ello, el niño y la niña han mantenido su vitalidad, sus ganas de jugar, sus ganas de aprender, sus ganas de vivir y disfrutar del momento presente.

Pero junto a este superpoder” de superar circunstancias no deseadas, no podemos obviar el acompañamiento que ha desarrollado la familia en este proceso que, más allá de sus dotes de “profesorado en funciones”, ha aportado la necesaria urdimbre afectiva para que el día a día se desarrollase sin un impacto emocional grave para los niños y las niñas.

Sin embargo, toda generalización conlleva un error intrínseco, natural, estadístico, por lo que hay casos en los que situaciones ajenas al niño han impedido que esta nueva situación se haya desarrollado con menor impacto para ellos. Nos referimos, como siempre ocurre, a los niños de aquellos hogares con menos recursos o en situación de exclusión social, bien porque ya estuvieran en esta situación, bien porque les ha sido sobrevendida a causa de la crisis.

Para muchos niños y niñas la privación del contexto socializador de la escuela les ha privado además de la posibilidad de una alimentación asegurada. Evidentemente, en estos menores las repercusiones de esta crisis sanitaria y social se han visto agravadas por su situación de exclusión, que ha acrecentado la brecha social en la que ya vivían instalados.

Pese a todo ello, durante estos meses hemos visto en nuestro trabajo diario con menores en situaciones de vulnerabilidad social esa misma vitalidad, esas mismas ganas de jugar, de aprender, y en definitiva, de ser niños y niñas, pese a todo y a todos. En los diferentes proyectos que Siete Estrellas – SocialMente desarrolla por todo el país hemos visto a niños y niñas afrontar su día a día con ilusión y, una vez más, todo nuestro equipo de profesionales ha aprendido de la infancia una nueva lección.

 

¿Y cómo ha afectado el COVID-19 a las personas mayores?

La forma en que las personas mayores han sido tratadas durante la crisis de la COVID-19 es un termómetro para analizar cómo ha actuado la sociedad ante el virus y cómo este ha afectado a la población mayor.

La falta de reconocimiento de la diversidad de las personas mayores, en edades, perfiles, estilos de vida, preferencias o necesidades es parte de la discriminación por edad, un reto ético que arrastramos como sociedad y que ahora ha emergido al negar recursos sanitarios que podían salvar la vida de mayores y dependientes, así como la desprotección que este colectivo ha experimentado desde diferentes residencias.

Lo vivido estos meses debería servir para que toda la sociedad, desde los poderes públicos y privados, a la ciudadanía, erradique de una vez la infravaloración de la vida y de los derechos de las personas mayores, tanto en esta crisis como en el trato diario que reciben -y que recibiremos todos al envejecer si no lo cambiamos ya-.

El confinamiento, aunque necesario para salvar vidas, también está teniendo sus consecuencias. Por ejemplo, la pérdida de movilidad y autonomía física en personas que antes no eran dependientes y a partir de ahora lo serán. El abandono obligado del poco o mucho ejercicio físico que hacían antes de la pandemia ha empeorado la salud de bastantes mayores, un segmento poblacional donde ha calado el miedo a salir. Generar confianza desde ya, garantizando la seguridad en la vuelta a los paseos y a las actividades cotidianas fuera de casa -lo cual es responsabilidad de todos- resulta clave para revertir cuanto antes estos efectos del aislamiento en su salud. Así lo estamos comprobando en los reencuentros presenciales entre mayores y voluntarios/as de Grandes Amigos.

Las personas mayores han tenido que soportar un impacto emocional muy negativo. No ha sido fácil saberse las principales víctimas del virus y escuchar durante las 24 horas del día noticias sobre muertes y contagios en ciudadanos de edades parecidas, temer el estar solos si enfermaban o les pasaba algo… Más de 2 millones de mayores viven en hogares unipersonales.

Este contexto podía agravar los factores de riesgo de la soledad: pérdida de autoestima, ansiedad, depresión, deterioro cognitivo, hipertensión, daño del sistema inmunológico, enfermedades cardiovasculares, incluso mortalidad temprana.

Así que era -y sigue siendo- fundamental contener emocionalmente, facilitar que las personas mayores tuvieran apoyo afectivo y compañía, una voz amiga a la que pedir ayuda, pero a la vez compartir buenos momentos, alguien de confianza con quien desahogarse, evadirse o distraerse del “monotema”. Y, aunque fuera a distancia, en Grandes Amigos hemos contribuido a conseguirlo. Entre otras medidas, hemos puesto en marcha un proyecto de acompañamiento afectivo telefónico para personas de toda España (900 22 22 33), que seguirá funcionando tras la crisis. En esta acción, además, ha colaborado la Fundación Mutualidad de la Abogacía poniendo el servicio a disposición de sus mutualistas de más de 65 años.

¿Y cómo se sienten las personas mayores? Pues, en lugar de que otros hablen por ellas, les hemos preguntado directamente. En concreto hemos realizado un seguimiento específico a más de 500 de las casi 1.000 personas mayores que acompañamos telefónicamente. Y, a pesar de todo lo anterior, el 87% afirma encontrarse con “buen estado de ánimo”. No solo eso, sino que casi 7 de cada 10 muestran un nivel de preocupación bajo o moderado ante la COVID-19, como reflejan nuestras estadísticas.

 

Voluntad política e inversión social

Todas las crisis afectan más severamente a los menos favorecidos, a los más excluidos, a los que tienen menos oportunidades. Es por ello que las autoridades deben velar más que nunca por un marco de protección sólido y profesional que sepa intervenir en aquellos ámbitos y colectivos en desventaja social para generar oportunidades. Ahora más que nunca la inversión social en alimentación, educación social, atención psicosocial, compensación de las desigualdades, etc., debe ser más contundente y decidida.

En la mano de las administraciones, como garantes de los derechos de la ciudadanía, y en las nuestras propias, como profesionales de la intervención social, está la responsabilidad y la oportunidad de que esta crisis global no se vuelque injustamente con los más desfavorecidos, especialmente con la infancia y las personas mayores.

En definitiva, pese a todo, las personas mayores, así como los niños y niñas, nos están explicando con su comportamiento el significado de la palabra resiliencia.

Han demostrado ser un ejemplo de cómo relativizar y valorar las cosas realmente importantes de la vida, dándonos lecciones de prudencia y disciplina a la hora de cumplir las medidas de seguridad y no bajar la guardia durante el desconfinamiento.

 

Pachi Fernández.

Director Ejecutivo de Siete Estrellas – SocialMente

www.siete-estrellas.com

José Ángel Palacios Merino

Coordinador de Comunicación y Fundraising de la ONG Grandes Amigos

www.grandesamigos.org