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Economía del Envejecimiento en la época del coronavirus

La pandemia del coronavirus está provocando un desastre primero en la salud, y después en la economía de todos los países del planeta. Como dijo recientemente el presidente de Francia Emmanuel Macron "Es una conmoción antropológica profunda, hemos detenido medio planeta para salvar vidas: no hay precedentes en nuestra historia". Es probable que el siglo XXI sea dividido y analizado en dos periodos económicos, antes y después del coronavirus. De hecho la Organización Internacional de Trabajo (OIT), en una primera valoración y dimensión de la catástrofe económica mundial, estima que se van a destruir de forma inmediata en torno a 230 millones de empleos en el mundo.

En términos de variación del PIB, los analistas han simulado diferentes escenarios, así por ejemplo, desde Francia se ha publicado un informe que estima que por cada mes de confinamiento de la población el PIB disminuye el 4%, o Luis de Guindos vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), que considera esta pandemia la peor crisis económica para España desde la Guerra Civil, cree que por cada mes de cuarentena el PIB se contraerá entre un 2% y un 3%, con el agravante de la elevada exposición de nuestra economía al sector servicios.

La realidad ha confirmado estas previsiones, pues sólo en el primer trimestre la economía española ha registrado una caída sin precedentes del 5,2% por el hundimiento del consumo de los hogares, la inversión y la exportación, no muy lejos de la caída experimentada por otros países de su entorno tales como Francia un 5,8%, Alemania un 5,6% o Estados Unidos un 4,8%. Los empleos en el mes de marzo cayeron en España en más de 303 mil personas respecto al mes de febrero, siendo esta la peor cifra mensual desde que hay registros. En el medio plazo, el Fondo Monetario Internacional (FMI), estima que para España la caída del PIB será a diciembre de 2020 del 9%, alcanzando una tasa de desempleo del 21%,. Además de la caída del empleo y del PIB se estima un crecimiento del endeudamiento del 20% del PIB y ya se leen pronósticos que dicen que a mitad de la década el déficit público llegará al 200% del PIB.

Pese a estos catastróficos datos, son varios analistas económicos los que consideran que la recuperación no tendrá forma de  «L» (el peor de los escenarios), «V»,  «U», o incluso de «W», sino que será más similar a la figura conocida como «curva Nike». Puesto que en esta crisis el sector privado está más saneado que en la crisis anterior de 2008, el propio FMI estima una vuelta a la senda del crecimiento del entorno al 5% en 2021, siendo hasta 2023 cuando como pronto no se recupereel nivel previo a la pandemia.

 

El capitalismo de Estado  y la economía social

La escritora y periodista Naomi Klein, sostiene que las consecuencias de la crisis no deberían pagarlas las clases medias tal como ya sucedió en la crisis de 2008, y advierte que “existe el riesgo cierto de que gobiernos y multinacionales aprovechen la ocasión para crear más desigualdades e injusticias”[1]

Puesto que los gobiernos e instituciones pueden limitar de manera permanente los derechos civiles de los ciudadanos con la excusa del control epidémico, corremos el riesgo de que caminemos hacia una sociedad de vigilancia bajo el amparo del Estado protector, que será quien garantice como último recurso la resilencia de la sociedad cuando el seguro no llegue a garantizarla o las finanzas no puedan atender los impagos.

Puesto que los gobiernos van a intervenir masivamente en los mercados financieros y reales, entramos en la era de lo que ya se conoce como “capitalismo de Estado” , lo que supone, tal como sostiene el economista francés Giraud, dar por finalizado el neoliberalismo de los años 80 del siglo pasado al haber sometido el derecho a la lógica de la propiedad privada, destruyendo en consecuencia parte del Estado de Bienestar, incluido los servicios públicos sanitarios. Es posible que este nuevo escenario sea incompatible con la democracia y el derecho, y recuerda el propio Giraud que el liberalismo del siglo XVIII buscaba defender las libertades frente a la tiranía de la ley.

La mayor intervención pública y la expansión del gasto, supone en cierto modo una vuelta al Keinesianismo como única forma posible para que la economía real salga de una crisis similar a la de la Gran Depresión de los años 30 del siglo pasado. Podemos por tanto dar quizá por concluido el modelo capitalista desenfrenado de Occidente en periodo 1980-2020, caracterizado por las políticas de austeridad que han marcado los presupuestos comunitarios europeos, y remontándonos en el tiempo el fin de la mano invisible de Adam Simth.

Tenemos por tanto ante nosotros un nuevo paradigma, pues los pilares de la economía social serán la protección del bienestar del ciudadano y del medio ambiente. Este New Deal  requiere, como dice Naomi Klein, de la participación de todos los agentes sociales y la sociedad en general al contrario de lo que lo que sucedió con la crisis financiera de 2008. En definitiva, lo comunitario, lo solidario y la necesidad de ayuda mutua en todos los aspectos de la economía – desde la deuda europea mutualizada hasta las nuevas formas de ayuda solidaria a nivel de barrio – serán las características de la nueva economía.

La conocida como triple cuenta de resultados (beneficio, personas y planeta), que comenzaba a generalizarse en la industria socialmente responsable, se verá intensificada después de la crisis. De hecho, ya en 2013, el premio Nobel de Economía Robert J. Shiller decía en relación con los periodos de guerra, que “el efecto a largo plazo podrían ser unas instituciones políticas y económicas más redistributivas de los ricos a los pobres y con mayor preocupación por los marginados sociales y los ancianos”.

Respecto al papel de la Unión Europea, este debería salir fortalecido en sus instituciones políticas y fiscales. Sin embargo, si no se transita por la vía de la cooperación y la mutualización, el euro puede verse comprometido en su futuro. En esta línea de pensamiento, el propio Papa Francisco en el Domingo de Resurrección, expresó su preocupación ante la crisis y falta de consenso a la hora de aprobar un mecanismo conjunto de ayudas para superar la emergencia, y reclamó a la Unión Europea que deje al lado las rivalidades y le egoísmo para combatir el virus, recordando que después de la Segunda Guerra Mundial, Europa pudo resurgir gracias a un auténtico espíritu de solidaridad que le permitió superar las rivalidades del pasado.. Por último pedía que este momento de peligro nos sacara del piloto automático, sacudiera nuestras conciencias dormidas y permitiera una conversión humanista y ecológica que termine con la idolatría del dinero y ponga la dignidad y la vida en el centro, reclamando un  mecanismo de solidaridad internacional que se materialice en la condonación de la deuda para los países pobres y la relajación de las sanciones internacionales.

En este sentido, Rafael Doménech – analista de BBVA Research-  también afirma que “el bienestar mundial será mucho mayor si los países optan por la cooperación, la ayuda y la solidaridad y por compartir información y avances científicos en lugar de hacerlo por la autarquía y la confrontación. Y es que existe un riesgo real de aumento del nacionalismo cuando aumenten las tasas de desempleo, los salarios se vean reducidos y aumenten las deudas con hacienda, la seguridad social y las entidades financieras”.

Para evitar estos riesgos, el filósofo esloveno Slavoj Zizek[2],, cree que “el virus ideológico beneficioso es pensar en una sociedad alternativa, más allá del Estado-Nación, una sociedad que busque nuevas formas de solidaridad y cooperación”. Piensa que el coronavirus es el golpe definitivo contra el capitalismo[3]

 

El fin de la deslocalización y la vuelta a la reindustrialización de los países desarrollados

Occidente en el proceso más intenso de la pandemia ha puesto de manifiesto que al no disponer de tejido industrial propio, no ha podido hacer frente a los suministros sanitarios que demanda la pandemia. Esta situación ha hecho reflexionar a los gobiernos occidentales sobre si debe producirse una reindustrialización de sus  sectores estratégicos, con un replique de la cadena de suministros hoy por hoy deslocalizada. De llevarse a cabo se produciría un detrimento de la posición de China e incluso India como proveedor mundial.

Esta visión la defiende, entre otros,  el economista francés Gaël Giraud, quien además advierte que podemos estar ante una  depresión económica terrible que puede durar hasta 10 años, y donde el sur de Europa debe reindustrializarse levantando un tejido industrial destruido por la goblalización – por ejemplo una  fábrica de mascarillas que podía producir millones de unidades localizada en – Bretaña cerró en 2018 -, .

Giraud recuerda también que la Revolución Industrial del siglo XIX se hizo bajo un elevado proteccionismo, y por tanto, para mitigar la previsible recesión propone aplicarlo mediante unas tasas verdes contra el dupling social, tasas que por ejemplo se apliquen sobre productos que han servido para la deforestación y la destrucción de la biodiversidad[4]

Ante este enfoque, la reacción de China condiciona la toma de decisiones de las economías occidentales. Así por ejemplo, en el caso español la industria representa el 14% del PIB, lejos del 20% que se fijó como objetivo el gobierno en el año 2000. La vuelta por tanto a las producciones industriales nacionales, además de mover el tablero geoestratégico de las grandes potencias económicas mundiales, significaría para los países en vías de desarrollo una vuelta a la pobreza y precariedad al no poder ser suministradores de productos de poco valor añadido a Occidente, agravando en consecuencia la desigualdad del planeta y convirtiéndose en un aliciente para iniciar procesos masivos de emigración de consecuencias que no podemos valorar.

Si se imponen las visiones nacionalistas bien por parte de los Estados o bien nivel de Europa, habrá que medir muy bien sus consecuencias, pues el bien común de Europa no debería ser nunca un acelerador de las desigualdades e insolidaridad con otras zonas del planeta.

 

La reconciliación con la naturaleza  

Donde no parece haber debate acerca de la sociedad que tendremos en la etapa post-coronavirus, es el modo en el que nos relacionaremos con la naturaleza, pues el ser humano ha tomado conciencia de su vulnerabilidad y de que la protección del planeta es parte del escudo de su supervivencia, como también lo será la mayor conciencia por la salud individual, la alimentación saludable o  la seguridad laboral entre otros.

Algunos estudios relacionan el incrementos de enfermedades infecciosas recientes tales como Covid19, Ébola o SARS entre otras con la pérdida de la biodiversidad y la destrucción de ecosistemas del planeta[5], por lo que ahora tenemos la gran ocasión de reconciliarnos con el maltrato que los seres humanos hemos hecho durante muchos años sobre el planeta.

En este sentido, el reputado sociólogo norteamericano Jeremy Rifkin, nos advierte que la actividad humana ha generado diversas epidemias y pandemias porque hemos alterado el ciclo del agua y el ecosistema que mantiene el equilibrio del planeta, y va más allá cuando dice que “estamos ante la amenaza de una extinción y la gente ni siquiera lo sabe”[6] . Más allá de la veracidad o no de estas hipotesis, lo que no hay lugar a dudas, es que el urbanismo de las megaconcentraciones con tan alta densidad de población puede haber contribuido a la propagación del virus.

 

Sectores ganadores

Las megatendencias de la nueva economía nos apuntan a sectores o servicios que se van a ver fortalecidos o incluso que nacerán al amparo de la nueva forma de vida de distancia social o al menos desconfinada sólo parcialmente; estas son:

La telemedicina: Las consultas por telemedicina se verán incrementadas de manera muy considerable. Tal es así que por ejemplo el caso de Teladoc Health -servicio de telemedicina más grande de los EEUU- ha aumentado en un 50% el nivel de servicio en las primeras semanas del confinamiento y está agregando miles de médicos a su red.El teletrabajo y automatización del trabajo: El teletrabajo puede ser la primera fuerza laboral del mundo en pocos años. Un informe de McKinsey Global Institute en 2017, estimó que en la próxima década el 60% de los trabajos (30% de las tareas clave) podrían ser automatizados , esto afectaría en 2030 a unos 400 millones de trabajadores.Compras on-line: Sirva de ejemplo China, donde buena parte de ciudadanos de pequeñas y menos prósperas ciudades han comenzado a comprar on-line, o Italia donde las transacciones por comercio electrónico han aumentado un 81% desde finales de febrero.Biotecnologia y robótica: Las grandes Big Tech verán fortalecer su modelo de negocio sobre todo en el manejo y análisis de datos de rastreo de la salud, asunto no exento de polémica, monitorizando a los individuos en sus desplazamientos. Durante el confinamiento además de ver incrementar su negocio, estas firmas están recopilando datos sobre nuestros hábitos, lo que les puede abrir la puerta para entrar en sectores no habituales como la salud o las finanzas.

  • La educación a distancia, ocio por internet, servicios financieros y de seguros que no requieran inspección física para su contratación.
  • Productos y servicios relacionados con la ciberseguridad

La gestión empresarial también debe ser reenfocada a la nueva economía. Según McKinsey esta debe actuar en cinco etapas: resolución, resilencia, retorno, reinvención y reforma tanto para abordar la crisis como para enfrentarse al nuevo orden económico. De esta forma los sesgos cognitivos, basados en la intuición y la experiencia son particularmente peligrosos en la gestión y propuesta de valor del negocio.

 

Generaciones y colectivos más afectados 

La mortalidad ya ha afectado con severidad a muchos países, pero además, esta se ha manifestado de manera diferencial por generaciones afectando más a las de mayor edad, por sexo afectando a los hombres más que a las e incluso, en Estados Unidos, se ha observado que la pandemia ha afectado más a afroamericanos que a blancos quizá motivado no tanto por una cuestión de raza sino probablemente por el hecho de que estos ciudadanos suelen vivir en zonas más contaminadas y por lo tanto con mayores problemas de respiración, lo que supone una desventaja a la hora de afrontar la pandemia.

Advertimos que esta nueva situación puede aflorar brotes de xenofobia en algunas sociedades, existiendo por tanto el riesgo real de que los migrantes ya residentes o en proceso de migración sean los primeros en ser expulsados de los sistemas económicos de los países desarrollados y afectados por la crisis,. De hecho, muy probablemente aumentarán los controles en las fronteras. Si esto fuera así puede producirse además un aumento de las infecciones en los países originarios de los emigrantes deportados, lo que sería un drama en el caso de África donde los sistemas sanitarios son muy precarios o a penas inexistentes.

Los primeros afectados por la crisis económica, en España los menores de 34 años han sido los peores parados, pues esta cohorte poblacional representa el 25% de los asalariados y en cambio en el mes de marzo de 2020 representaron el 53% de los despidos de lo que ha sido la mayor destrucción de empleo de la historia de España, 68.500 trabajadores al día. Los jóvenes pueden por tanto encontrar motivos para la protesta social al encadenar dos crisis en 12 años, siendo een este caso la generación Z la más perjudicada en el acceso al mercado de trabajo.

Por sectores, los más golpeados por la crisis, son aquellos de bajo valor añadido, como hostelería, comercio o construcción y no así el sector público. No olvidemos además que el reducido tamaño de las empresas españolas provoca que estas tengan una menor capacidad de resistencia respecto de sus homólogas del centro de Europa (96% del censo empresarial son pequeñas empresas).

La economía del envejecimiento después de la pandemia 

La población más afectada por la pandemia en términos de mortalidad en España han sido sin lugar a duda las personas mayores. Se trata de una enfermedad cuyo impacto no tiene precedentes en los últimos 100 años, donde los fallecidos a nivel mundial ya están cerca de los 300.000, si bien no puede aún ser comparadas con la mortalidad de la gripe Española donde fallecieron unos 50.000.000 de personas de enero de 1918 a diciembre de 1920. Si nos remontamos más en el tiempo la peste Negra del Siglo XIV provocó el fallecimiento de 75 millones de personas entre 1331 y 1353.

Foto:Hospital de emergencias de Kansas ( EEUU) en los enfermos de la gripe de 1918.

No debemos de perder la perspectiva de las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud  (OMS) que anuncian que para  2050 la población mayor de 60 años  alcanzará los 2.000 millones (el 22% de la población), frente a las cifras actuales de 900 millones (el 12% de la población).

Si bien entendemos que el edadismo propio de la sociedad del siglo XX debe dejar paso a otra forma de entender el proceso de envejecimiento en la nueva visión del mundo que nace después de la pandemia, estedeseo está lejos de ser una realidad. Los grandes perdedores en la mortalidad han sido los ancianos, vivieran en domicilio o en residencias. En la fase de desconfinamiento no parece que vaya a ser mejor, la asimilación de persona mayor a colectivo vulnerable a limitar al menos temporalmente los movimientos,  derivará  en una contracción del consumo forzada y evitando todo gasto no esencial.

En Italia el 14 de abril, en las medidas de desescalada consideraban que la población mayor de 70 años, será junto con los enfermos crónicos los últimos en retomar la actividad cotidiana. En Italia el 70% de los fallecidos tenían entre 70 y 90 años. Misma intención la ha manifestado el gobierno británico 5 días después.

Este encapsulamiento de los ancianos puede tener efectos psicológicos devastadores. La secretaria de Estado de Salud de Italia Sandra Lampa afirma que si hubiera que resolver un dilema de la «bolsa o la vida» (economía o salud), los perdedores no pueden ser otra vez los ancianos. En cualquier caso, confiemos aún que no necesariamente haya que elegir entre economía y salud

Los geróntologos recomiendan denunciar el edadismo del desconfinamiento por edad y que esconde un cierto paternalismo mal entendido, el aislacionismo del anciano agrava el problema de la soledad de la tercera edad, además es necesario recuperar la actividad física. A modo de ejemplo La Fundación Pilares por Autonomía Personal recomienda caminar diariamente entre 30 y 45 minutos como elemento preventivo de patologías cardiovasculares, osteoarculares, respiratorias, musculares…

La salida a la pandemia en opinión de Rafael Ortí, presidente de la Sociedad de Medicina Preventiva, Salud Púbica e Higiene  nos llevará a situaciones vitales propias de hace 20 años, es decir una vida sin tantas aglomeraciones y un ritmo más pausado, una vida más natural como la de nuestros abuelos [7]

Al contraerse el consumo, el ahorro por tanto aumentará, otra circunstancia es si se recupera el patrimonio perdido por el desplome del valor de la inversión desde que se inició la pandemia. El aumento de deuda pública de cada país, unido a unos tipos de interés bajos y un repunte de la inflación deriva en que el ahorro de los particulares en activos vean como pierden valor real salvo que tengan componente asegurado, lo que hace más vulnerable al segmento senior pues ve cómo se desvalorizan sus ahorros, además se estima que el precio de la vivienda se reducirá un 15%, a 20% el patrimonio inmobiliario y mobiliario del pensionista

Por otro lado, los Baby Boomers que hoy tienen entre 50 y 60 años han visto cómo ya se ha destruido su fortuna, lo que les hace más vulnerables para afrontar su jubilación. Necesitan aumentar sus ahorros por lo que su gasto en consumo se deprimirá.

Como sucedió en la crisis financiera de 2008, los jubilados en España al tener la pensión garantizada no parece que vayan a sufrir el impacto de esta nueva tragedia económica, tan solo tendremos que valorar si la recaudación fiscal del gobierno al caer dramáticamente la actividad económica permitirá actualizaciones de las pensiones al IPC, se estima una pérdida de ingresos fiscales de unos 40.000 millones de euros

Veremos como de nuevo los jóvenes buscaran amparo económico y habitacional en sus padres que actuarán como cojín social, a pesar del sacrificio en vida, en aislamiento prolongado y como dice la escritora Elvira Lindo “hay una especie de arrogancia del que está vivo frente al que no está, del que es más joven hacia el más viejo”[8]

 

 

[1] Ver entrevista en el diario Huffington Post de 10 de abril de 2020 en Naomi Klein: «La crisis del coronavirus es una oportunidad para construir otro modelo económico»

[2] en su nuevo libro ensayo Pandemia Covid 19,el virus que estremece al mundo

[3]  ( ver ‘Pandemia. Covid-19: el virus que estremece al mundo’ Žižek )

[4]  ( ver Giraud: «Europa tiene que ser algo más que la Costa Azul de la burguesía de Shanghái»

[5] , ver articulo de Nature de 2010 de Natasha  Gilbert  Más especies significa menos enfermedades

[6] (The Conversation 22-4-2020 )

[7] ( ver Nius 19-4 2020 )

[8] ( ver Elvira Lindo: «Debemos empezar a ver a nuestros mayores sin superioridad»

Sobre el autor

Dr. Dr. José Miguel Rodríguez-Pardo
Profesor y Coordinador Académico MCAF UC3M
Dr. Fernando Ariza Rodríguez
Director General Adjunto Mutualidad de la Abogacía